
Parece que tamén hai unha persoa interesada na vida, obra e milagres de Xan da Coba, do que xa falara nunha entrada de hai varios meses, pois aquí ten vostede, señorita, faltaría máis ;) :
Copio o texto tal e como aparece no libro "Ourense de auga e pedra" de Carlos Casares:
"Entre todos los personajes pintorescos que vivían en la ciudad, el más curioso de todos, el más celebrado en reuniones y tertulias, era Don Juan de la Coba y Gómez, por quien Otero Pedrayo sentiría siempre una conmiseración piadosa, convencido desde su infancia de que se trataba solamente de un pobre chiflado digno de compasión, al que los señoritos ociosos de la ciudad convertían en blanco de todas sus burlas. Vicente Risco, sin embargo, que lo recordaba paseando solemnemente por las calles, cubierto con un hermoso macferlán oscuro y tocado con un elegante sombrero inglés, lo veía como personaje de innegable factura literaria, merecedor de pasar a las páginas de una gran novela, y no sólo como el pobre poetastro a quien Curros ridiculó en O Divino Sainete. Todos estos escritores citados lo conocieron, aunque ya en la última parte de la vida de Don Juan, cuando sus dichos y ocurrencias formaban parte de una mitología en la que ya se confundía la verdad más fiel con la fantasía desbordada, tejida a lo largo de muchas horas de ocio en las reboticas más célebres de toda la ciudad, la de Temes, en la Praza do Ferro, o la de Sánchez Toca, en la Rúa da Paz.
Don Juan fue periodista, poeta, dramaturgo, escultor e inventor. Fundó un periódico, "El Gracioso", del que según afirmaba, era propietario, redactor, impresor, distribuidor y único lector. Durante la noche, víctima de un insomnio en el que muchos veían la causa de su locura, en una pequeña imprenta manual iba componiendo en tipos de caja la plana en que consistía la citada publicación, que después imprimía. Acabada esa labor, don Juan se iba a dormir. De mañana, al despertar, después de asearse, salía para dar un paseo, pero antes, ya en el descansillo y una vez retirada la llave de la cerradura, introducía el periódico por debajo de la puerta. Luego, bajaba tranquilamente y salía a la calle. Durante un par de horas visitaba a algunos amigos, participaba en algunas tertulias y después regresaba a casa. Al abrir la puerta se encontraba con el periódico, como si hubiese sido depositado allí por cualquier anónimo repartidor, ponía cara de sorpresa y se sentaba a leerlo, cómodamente en una butaca del salón.
Como escritor, don Juan de la Coba, que en 1882 le entregó un poema al rey don Alfonso XII con motivo de una visita que el monarca había hecho a Ourense, dejó una obra muy abundante en verso y prosa, en la que destacan dramas como los titulados "Moros pertinaces", "Cervantes soldado", "Ilusión de amor", "La toma de Amberes", "el grito de la ley", y otras. Muchas de ellas se han salvado precisamente gracias a las diligencias de Vicente Risco y Florentino Cuevillas, quienes las depositaron en la biblioteca del antiguo Seminario de Estudos Galegos, en Santiago. Varias de estas obras están escritas en trampitán, una lengua inventada por don Juan de la Coba, por la cual él mismo asegura en la ópera "Gran Victoria" haber recibido título y medalla de honor al mérito en una Exposición Regional celebrada en Pontevedra. Acerca de esta lengua, que sirvió a Torrente Ballester como modelo para ciertos pasajes de "La saga/fuga de J.B.", escribió Xosé Filgueira Valverde un documentado ensayo, "Un poeta co seu tema. Don Juan de la Coba Gómez e a súa lingua literaria", publicado en la revista Grial en el año 1973.
Quizás los aspectos de la biografía de don Juan sobre los que más se ha fantaseado son aquellos que guardan relación con su faceta de inventor y escultor. Parece cierto que creía en la viabilidad de un artefacto, mitad nave, mitad paraguas, que en la leyenda aparece bautizado como pirandárgallo, capaz de vencer la fuerza de la gravedad, suspenderse fijo en el aire y permitir viajar cómodamente por el mundo a quien lo tripulase, aprovechando la rotación de la tierra. Para regresar a casa después de una visita a cualquier lugar del globo, bastaría con elevarse de nuevo y esperar a que Ourense, o la ciudad deseada, pasase por debajo en el momento que le correspondiese. Es apócrifo, sin embargo, el famoso episodio de la escultura de un San Roque al que don Juan le había realizado un perro a base de un nabo que con el calor se secó, accidente natural que muchos atribuyeron a un milagro. La única escultura de don Juan conservada es una bella imagen que, todavía hoy, es venerada en la iglesia parroquial de Santa Eufemia".
;-) Obrigada!!!
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