
Desde Manzaneda al Xurés, desde la Ribeira Sacra a la Red Natura 2000, OURENSE ha perdido su mayor tesoro. Enfermos mentales con ganas de hacer daño siempre hubo y siempre los habrá, por eso se trata de enfocar la política forestal hacia la prevención, porque ya llevamos décadas sufriendo este mismo problema y por tanto, el problema ya no es achacable en exclusiva a los pirómanos. Lo que está ocurriendo este mes de octubre es una catástrofe de grandes dimensiones que nos remonta a aquel verano aciago del 2006. Por aquel entonces, el partido en la oposición (PP) nos ofrecía el mismo discurso que ahora nos ofrecen los dos partidos de la oposición (PSOEZ y BNG) y el actual partido en el Gobierno de la Xunta (PP) se defiende con los mismos argumentos con los que se defendía el bipartito en el 2006. Nada cambia, es más de lo mismo, el "sí, pero tú más que yo" y a echar balones fuera. Esta es, ni más ni menos, la forma de hacer política que padecemos por estos lares: pocos objetivos a largo plazo, nula amplitud de miras y a solucionar los problemas con meros parches que quizás sirvan para capear el temporal y para maquillar unas estadísticas de cara a contentar al electorado durante la campaña electoral. Si en el 2012 todavía queda algo de monte por arder y el verano es de nuevo seco, se repetirá el drama. Tampoco estamos a salvo de otro Prestige, como un barco lleno de fuel encalle de nuevo en nuestras costas, sufriremos con las mismas imágenes con las que sufrimos en aquel noviembre del 2002, porque cuando los voluntarios recogieron el chapapote, el Gobierno subvencionó a las empresas de los amigos y se indemnizó a los afectados y no afectados pero con derecho a voto, no se tomó ninguna medida para evitar que ese desastre natural ocurra de nuevo. Luego se extrañan de que una parte de la población esté indignada y aborrezca cada día más la política de los partidos políticos.










