Mi última San Martiño se puede resumir con una sola palabra: sufrimiento.
Las sensaciones este año fueron muy distintas a las de la carrera del año pasado con las que tanto disfruté: http://licordeguinda.blogspot.com/2010/11/lo-importante-es-participar-y-chupar.html
En principio, se daban unas cuantas condiciones óptimas para una buena carrera: la temperatura era excelente para correr, lucía un sol radiante, no había excesiva humedad y físicamente, llegué sin lesiones ni molestias de importancia. En la edición del año pasado, sin embargo, sufría una molesta tendinosis rotuliana y un fuerte aguacero empañó los últimos kilómetros de carrera. Este año me falló la motivación.
Desde hace meses no estoy motivado para practicar running, sigo entrenando tres días a la semana porque me gusta estar en forma y para que mi peso ideal no se dispare por exceso, pero nada más. Ahora que por fin me han confirmado para el 16 de noviembre la fecha de una operación que tengo pendiente, no me quedará más remedio que abandonar la práctica del running durante unas semanas. Quizás este tiempo de descanso obligatorio me sirva para encontrar de nuevo la motivación y retomar con más ganas el deporte o, al menos, sin la pereza y el aburrimiento de estas últimas semanas. Toco madera, porque no me gustaría perder la que durante años ha sido mi afición principal, junto con la música.
Desde hace meses no estoy motivado para practicar running, sigo entrenando tres días a la semana porque me gusta estar en forma y para que mi peso ideal no se dispare por exceso, pero nada más. Ahora que por fin me han confirmado para el 16 de noviembre la fecha de una operación que tengo pendiente, no me quedará más remedio que abandonar la práctica del running durante unas semanas. Quizás este tiempo de descanso obligatorio me sirva para encontrar de nuevo la motivación y retomar con más ganas el deporte o, al menos, sin la pereza y el aburrimiento de estas últimas semanas. Toco madera, porque no me gustaría perder la que durante años ha sido mi afición principal, junto con la música.
A la carrera llegué tarde, sin tiempo para calentar. El Puente del Milenio ya estaba repleto de corredores y no tuve más remedio que situarme en las últimas posiciones, lejos de la línea de salida y con unos 3000 atletas por delante. Tampoco encontré a los amigos y conocidos que participaban en la carrera y que siempre son un apoyo importante en esos minutos de espera hasta que comienza la prueba. Situarse muy atrás es un problema porque eso obliga a empezar casi andando mientras el gentío no se dispersa y se abren los huecos que permiten mantener un ritmo de carrera regular. Tan atrás estaba que desde que dieron el pistolazo hasta que atravesé la pancarta de salida, trancurrieron casi dos minutos. Pero eso tampoco debe servir de excusa. Las únicas excusas a mi mala carrera fueron la falta de motivación y el correr sin ganas. Bueno, a decir verdad, tampoco es que llegase yo con un gran fondo físico por culpa de las salidas nocturnas del último mes, que fueron muchas y cundentes.
Circuito de 1 kilómetro por el barrio de El Puente, después el Progreso, la Plaza de Abastos, Doctor Fleming y en Ervedelo estaba situado el kilómetro 3. Ahí fue donde conseguí un ritmo de carrera que me gustaba y en el que a priori me sentía cómodo. Y digo a priori porque con ese ritmo aguanté las rectas interminables de la avenidas de Portugal, Marcelo Macías y Zamora. En Bonhome, en el Ourense feo, tuve que bajar el ritmo, estaba cansado y me entraron ganas de tirar la toalla y abandonar la carrera, no me sentía cómodo y para nada estaba disfrutando. Seguí adelante porque esa zona me quedaba bastante lejos de casa. Bajar el ritmo durante ese kilómetro me vino bien para recuperar y para meter algo más de velocidad a la carrera por las calles que más me gustan: Plaza Mayor, Lamas Carvajal, el Paseo, Avenida de La Habana y Curros Enríquez. Llegué muy cansado a mi barrio, kilómetro 8 más o menos, pero como siempre hay gente conocida en las aceras siguiendo la carrera, había que echar el resto e hice el esfuerzo de subir un poco más el ritmo. Reconozco que soy algo presumido. Estaba reventado y todavía quedaban dos kilómetros, ya no había vuelta atrás, había que seguir.
Normalmente, en mis entrenamientos hago un planteamiento muy conservador en los dos primeros kilómetros y después subo el ritmo de forma progresiva para finalizar en el último, o 2 últimos kilómetros dependiendo de como me encuentre, casi en sprint. Esta vez no pudo ser. En el Puente Nuevo tuve que bajar el ritmo y en la cuesta de Magisterio bajarlo más aún. El último kilómetro me pareció interminable y fue de mucho sufrir. Ese pequeño repecho del Puente Romano que se ve en las fotografías, a 300 metros de la meta, se me hizo eterno. Como se puede comprobar en esas fotos, llegué exhausto. Envidia me da la cara sonriente de ese clon de Rajoy sin pelo que se convirtió en mi compañero ocasional de los últimos metros de carrera.
Este año no disfruté con la carrera de mi ciudad. En definitiva, hice una muy mala San Martiño, empeoré en 3 minutos mi tiempo del año pasado y atravesé la meta con la sensación de que actualmente no podría hacerlo mejor, y esa es la peor de las sensaciones. En Navidades, tras el parón de un mes, retomaré de nuevo el running, espero que con más ganas y ya con la mirada puesta en las carreras populares de la próxima primavera. A esta media maratón entre Vigo y Bayona le tengo muchísimas ganas.
Normalmente, en mis entrenamientos hago un planteamiento muy conservador en los dos primeros kilómetros y después subo el ritmo de forma progresiva para finalizar en el último, o 2 últimos kilómetros dependiendo de como me encuentre, casi en sprint. Esta vez no pudo ser. En el Puente Nuevo tuve que bajar el ritmo y en la cuesta de Magisterio bajarlo más aún. El último kilómetro me pareció interminable y fue de mucho sufrir. Ese pequeño repecho del Puente Romano que se ve en las fotografías, a 300 metros de la meta, se me hizo eterno. Como se puede comprobar en esas fotos, llegué exhausto. Envidia me da la cara sonriente de ese clon de Rajoy sin pelo que se convirtió en mi compañero ocasional de los últimos metros de carrera.
Este año no disfruté con la carrera de mi ciudad. En definitiva, hice una muy mala San Martiño, empeoré en 3 minutos mi tiempo del año pasado y atravesé la meta con la sensación de que actualmente no podría hacerlo mejor, y esa es la peor de las sensaciones. En Navidades, tras el parón de un mes, retomaré de nuevo el running, espero que con más ganas y ya con la mirada puesta en las carreras populares de la próxima primavera. A esta media maratón entre Vigo y Bayona le tengo muchísimas ganas.
















































