
Nada nuevo. Santiago me recibió ayer noche con su cansina lluvia y esta mañana mi habitual mesa de trabajo me daba la bienvenida con una ingente y desordenada cantidad de papeles. Esa clase de papeles cargados de tinta que no sirven precisamente para hacer avioncitos ni se prestan a ningún otro tipo de papiroflexia. Ya instalado en la rutina, es posible que el recuerdo de los buenos momentos vividos durante el siempre insuficiente periodo de las vacaciones actúe como poción terapéutica. Hago la prueba y permito que el relajante bálsamo vacacional penetre, de forma suave, de piel para adentro.
Dicen que el pueblo de cada uno siempre es el más bonito. Con el corazón en una mano y de una forma subjetiva, diría que el mío sí lo es. Con la cabeza en la otra y de una forma objetiva, prefiero no caer en la trampa que me tiende el tan manido dicho popular, es obvio que me queda mucho mundo por conocer. De todos modos, no peco de grandilocuente cuando afirmo que la
Baixa Limia es una suerte de paraíso terrenal situado a pocos kilómetros de Ourense.
Bande, Muiños, Lobeira, Lobios y Entrimo son los cinco municipios que conforman lo que se conoce como la Baixa Limia. En este rinconcito del suroeste de la provincia de Ourense podemos encontrar una gran cantidad de iglesias -desde la visigótica de Santa Comba de Bande hasta la Barroca de Entrimo-, campamentos romanos, ermitas, fuentes termales, cruceros, hórreos, "petos das ánimas", molinos de río, playas fluviales y todo, todo ésto, situado a los pies de ese regalo de la naturaleza que es la Sierra del Xurés.
La excursión por la Baixa Limia fue uno de los mejores momentos de mis pasadas vacaciones. Me queda pendiente una visita más a fondo, habida cuenta de que para variar, uno es como es y olvidó cargar la batería de su cámara de fotos. Esta circunstancia es la culpable de que las fotos, además de ser pocas, no hagan justicia a la belleza de este paraíso natural. Indicar, como agravante, que la excursión se centró casi en exclusiva en los concellos de Muíños y de Entrimo. La felonía de dejar al margen pueblos como Bande, Lobeira o Lobios, debería estar penalizada con la privación del consumo del licor de guindas de la zona por espacio de un año y un día.
Súbanse al coche turístico, que comienza la excursión:
Siguiendo la carretera que une Ourense y Celanova son visibles las obras de una futura autovía que destrozan, de forma impune, varios montes. ¿Es necesaria esta obra?. NO, no lo es. La carretera de Ourense hacia Celanova es prácticamente nueva y se encuentra en buen estado. Además, no existen núcleos de población tan importantes en esta parte de la provincia -tampoco al otro lado de la frontera con Portugal-, ni un volumen de tráfico que justifiquen la construcción de una autovía. Un monte puede renacer tras un incendio y recuperar todo su esplendor transcurridos varios años, pero con este tipo de obras, me temo que los montes serán ya irrecuperables.
Varios kilómetros después de atravesar el pueblo "onde o mundo se chama Celanova", "
o alto do Vieiro" con los montes del Xurés al fondo, nos abre las puertas de Bande y de la Baixa Limia. Es a partir de este lugar donde comienza a cambiar el paisaje. Se rompe la monotonía. La recreación de los paisajes naturales, casi vírgenes, nos produce la sensación de retroceder varios siglos en el tiempo. Atravesamos Bande sin bajar del coche, pero este nostálgico incurable no pudo evitar, bajo riesgo de convertirse en estatua de sal, el volver la vista hacia la casa en la que residió varios años durante su infancia. Al salir del pueblo, engalanado para sus fiestas patronales, nos desviamos hacia la izquierda en dirección hacia Muiños. Suenan ya lejanas las bombas de palenque de las fiestas de Bande y la vegetación, ahora salvaje, virgen y agreste, se rebela por momentos contra la dictadura del asfalto. Las ramas acarician el capó del coche. A ambos márgenes de la carretera, "Petos das ánimas" y cruceiros de piedra guardan sus secretos ajenos al paso del tiempo. Y los picos del Xurés, altivos y fantasmagóricos en la lejanía, nos muestran orgullosos su privilegiada condición de guardianes del valle.



Llegamos a
Muiños, el municipio del que es originaria toda mi familia paterna. Visitamos la
Iglesia de San Pedro de Muíños, en el cementerio que la rodea están enterrados mi abuelo y mis bisabuelos. Como curiosidad, señalar que a pocos metros de la Iglesia se escucha, de forma nítida, un zumbido intenso e incesante. Su origen está en un avispero situado en la entrada principal de la capilla. Este avispero existe desde que se construyó la iglesia. De hecho, los feligreses acceden al interior de la misma a través de una puerta lateral. Afortunadamente, no existe registro alguno en los "cuentos de lareira" de la zona de que se produjesen picaduras de avispas dentro de este recinto, ni de que las avispas hayan accedido en alguna ocasión al interior del templo. Los pueblos de la Galicia interior y más profunda, todavía conservan esa mixtura de magia y de misterio que alimenta sus leyendas, esas mismas leyendas que un buen día inspiraron a escritores como Cunqueiro. Que así sea por siempre y que esa Galicia no se pierda nunca.

Ya sabéis que al subir fotos al blog se reduce considerablemente su tamaño y su calidad. Nada que no solucione un simple click sobre ellas para que nos devuelva el tamaño original. Pues bien, fijaros ahora en esta foto. Lo que se ve en primer plano es la tumba de mi bisabuelo -el portuguesiño al que "pasearon" poco después de finalizar la Guerra Civil-, pero en un lateral y custodiando la tumba ¿una manguera? ¡no, no es una manguera, es una serpiente! ¡Danger! jajajaja. En este cementerio se cuentan por decenas y a mí que me incineren!

Desde este cementerio se divisa la ermita de la Clamadoira. La colina en la que está situada es un excelente mirador que nos regala a la vista buena parte de la Baixa Limia. El lunes subiré fotos de esta ermita y de su paisaje. Como podéis apreciar en esta fotografía, una de sus laderas no se libró de los malditos incendios:

Abandonamos la Iglesia y rodeamos el monte de la Clamadoira. Atravesamos los pueblos de Mugueimes y de Cados para llegar a Barrio de Muiños, el pueblo de mi abuela. En este pueblo mi familia tiene una casa. El pueblo cuenta actualmente con tan sólo cinco vecinos. Esta pérdida de población es una constante que por desgracia se repite en la mayoría de los pueblos de la Baixa Limia. Algunos de ellos ya están completamente abandonados o solamente cuentan con uno o dos vecinos. Es posible que Barrio de Muiños se convierta en un pueblo fantasma en pocos años.
Barrio de Muiños fotografiado desde la casa de mi abuela:




Y ésto ha sido todo por hoy. El lunes subiré la segunda y mejor parte de esta excursión por la Baixa Limia. Barrio de Muiños es un pueblo más, sin nada destacable, he dejado para la segunda parte las mejores fotos.
El elixir del recuerdo vacacional me ha relajado pero sus efectos terapéuticos comienzan a disiparse. Despierto. Abro los ojos. Vuelta a la realidad. La lluvia sigue cayendo sobre el tejado de uralita que cubre el patio de luces de mi casa en Santiago de Compostela. Clock, clock, clock, clock...