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miércoles, 26 de mayo de 2010

El bueno, el feo, y el malo



Ayer por la noche he modificado un texto que escribí hace un par de meses y que recupero por ser de actualidad:

"El bueno", "el feo" y "el malo", son los alias de tres ejecutivos que prestan sus servicios para la solvente empresa Gajes del Orificio S.A., dedicada a la realización de pozos de barrena. El éxito de diez años como empresa lider en el sector, radica, en buena medida, en la explotación laboral de sus empleados. Estos se ven sometidos a una férrea disciplina y a un enfermizo control horario para mayor gloria de la cadena de producción. "El malo" aspira a escalar posiciones dentro de la jerarquía de la empresa; hace meses que lucha por un ascenso y sabe que para conseguirlo ha necesitado, y necesita, aprovechar en beneficio propio el trabajo de sus dos compañeros, aunque estos no lo sospechen. "El bueno" es viudo desde hace dos años y en casa tiene tres hijos a los que alimentar todos los días. "El feo" atraviesa un delicado momento personal motivado por el final de una larga relación de pareja. Ser feo, y además con cornamenta de reno, era demasiada carga para su orgullo.

Ocho de la tarde, agotados tras diez horas de intenso trabajo, "el bueno", "el feo" y "el malo", se dirigen a la máquina de control horario para registrar la salida, última obligación necesaria para echar el telón a una extenuante jornada laboral. Pero la máquina no funciona.

Ante esta situación, "El feo" reacciona a voces criticando a la empresa por el mal funcionamiento de la máquina. "El Bueno" escucha, intenta tranquilizar a su compañero, y piensa en una posible solución. "El malo" aprovecha un descuido para escabullirse y salir corriendo hacia otra máquina de control horario que sólo conocen los jefes. Por supuesto, "el malo" no comenta nada a sus dos compañeros acerca de la existencia de esta máquina.

"El feo" pierde los nervios y arrecian sus gritos críticos contra la empresa, que ahora ya no se limitan a un mal funcionamiento de la máquina, tan grande es la tensión acumulada por "el feo" en estos últimos días. "El bueno" se percata de la ausencia del "malo". "El malo" ya ha fichado, y sonriente, se dirige a su casa en un flamante Audi A3. Al "bueno" se le ocurre la idea de comentar la incidencia directamente a sus jefes, le pide al "feo" que espere.

"El feo", ante la tardanza de "el bueno", pierde definitivamente los papeles y la emprende a golpes con la máquina. Decide salir de la empresa sin fichar. Mientras tanto, al "bueno" le prometen el arreglo inmediato de la máquina y le convalidan su hora de salida a través de la firma en una hoja habilitada para la ocasión. Al llegar a la máquina de control horario, ya no encuentra al "feo".

Ocho de la mañana de un nuevo día. Diez horas de duro trabajo por delante. Vidas que se diluyen entre muros grises de cemento, entre tubos y más tubos de luces que asesinan la luz natural. Migraña, rutina, más migraña, más rutina, asfixia, condena, condenados, esclavos todos. "El bueno" arrastra sus pies hacia la puerta de entrada de la fábrica. La máquina de control horario sigue sin funcionar. "El bueno" está solo en la oficina. Los deseos de decirle al "malo" cuatro palabras fuertes acerca de su mal compañerismo lo mantuvieron desvelado toda la noche. No tendría ocasión de hacerlo. A las seis de la madrugada una llamada de teléfono había despertado de su plácido sueño al "malo", en ella le comunicaban un importante ascenso en la empresa. "El malo" lloraba de felicidad, llevaba años buscándolo. "El feo" tampoco había acudido al trabajo. Los gritos, las críticas a los jefes y los golpes a la máquina, habían quedado registradas en las cámaras de seguridad de la empresa. A las seis de la madrugada una llamada de teléfono había despertado de una asfixiante pesadilla al "feo", en ella le comunicaban la suspensión cautelar de empleo y sueldo, así como la apertura de un expediente disciplinario por la comisión de una falta muy grave. "El feo" lloraba amargamente. Además de ser feo y de poseer unos retorcidos cuernos de reno, se había quedado sin trabajo.

El "bueno" sintió mucha rabia cuando se enteró de estas dos noticias. Una vez más, como tantas, maldijo vivir en un mundo tan injusto. Pensó en su antiguo compañero "el malo" y en la cantidad de veces que le había ayudado en su trabajo. Recordó aquella ocasión en la que se había autoinculpado para evitarle un problema con los jefes. Se acordó también de su compañero "el feo" y de todas las tensiones que había sufrido en los últimos días. Compartía con él todas las críticas a la empresa, y dentro de su humano sentido de la ética, supo entender y disculpar el momento de ira de "el feo" del día anterior.

La máquina de control horario seguía sin funcionar, no era eso lo que le habían prometido al "bueno". Miró a su alrededor, en realidad todo seguía sin funcionar, las instalaciones eran viejas, los baños estaban sucios, la fotocopiadora atascada desde hacía semanas...todo cuanto tenía que ver con el bienestar de los trabajadores llevaba años sin funcionar en aquella empresa que alardeaba de ser lider dentro del sector. "El Bueno" explotó. Ofuscado por la rabia avanzó hacia los despachos de sus jefes. En esta ocasión sí estaba dispuesto a escupirles a la cara, una tras otra, todas las penalidades que había soportado en sus 23 años de esclavitud laboral. A mitad de camino se detuvo, pensó en sus tres hijos, en esas tres bocas que había que alimentar todos los días. Reculó. Regresó de nuevo a su celda laboral. Derrotado. Solo.

El vigilante de seguridad conocía bien al "bueno", al "feo" y al "malo". Llevaba años espiando todos sus movimientos a través de las distintas cámaras de vigilancia de la empresa. Por eso, no se sorprendió ante lo sucedido en estos dos últimos días. Ennio M., que así era como se llamaba el vigilante, era otro explotado más dentro del engranaje de explotación de la empresa. Diez horas diarias encerrado en un habitáculo oscuro de poco más de cinco metros cuadrados, y así, durante dos lustros, sin más compañía que la de un circuito cerrado de televisión. A Ennio M. le gustaba escribir. En sus largas horas de soledad laboral, se entretenía redactando un libro en el que reflejaba los distintos avatares laborales de "el bueno", "el feo" y "el malo". Los días eran tan rutinarios en la fábrica, que contagiaban a la narración de un ritmo lento, de un cansino ritmo de Spaguetti Western. Ennio buscó un lugar en el libro en el que plasmar sus reflexiones. Silbó su última canción:

En todas las empresas hay personas como "el malo", camaleónicas, aparentemente buenos compañeros, pero que no dudan en asesinar por la espalda a la mínima ocasión si de esta forma consiguen sus objetivos. El fin les justifica los medios. El problema no es exclusivo de "el malo", también es compartido por las personas confiadas que no se toman su tiempo en conocer a la gente que les rodea. Ennio M. sabía que "el feo" tenía razón en todas sus quejas hacia la empresa, pero las quejas no sirven para nada si sólo se comentan a la personas que se encuentran en la misma situación, o si se pierden la formas; en definitiva, si esas quejas nunca llegan al conocimiento de las personas con potestades para mejorar la situación o no llegan a través de las formas y cauces adecuados. La potencia sin control no sirve para nada. En cuanto al "bueno", -que representa fidelignamente el papel del típico "pringao"-, Ennio no pudo más que aplaudir su intención de comentar los problemas a las únicas personas que podían resolverlos. Directamente, sin intermediarios. En muchas ocasiones, las personas responsables de los problemas son las únicas que tienen las soluciones, y es bueno exigírselas.

Es ya media mañana, la cadena de producción trabaja a pleno rendimiento. "El malo" disfruta en el cielo: felicidad a todo lujo en un moderno despacho. "el feo" sufre su particular infierno: lágrimas de sal gruesa sobre una vieja almohada; y "el bueno"; "el bueno" sin ya tiempo para pensar asfixiado entre tanto papel, purifica sus penas en el purgatorio. A pocos metros de allí, en la cabina de control, Ennio M. silba la canción de un conocido western.


sábado, 8 de mayo de 2010

Las regaderas son para el verano





En otra tarde de sábado aburrida del mes de ¿febrero? ¿marzo? -dicen que es mayo, pero miro al cielo y no me lo creo- he buscado algunos textos míos en un blog que se llama "la conjura contra el necio" y en el que participaba mi hermano Álex hace ya unos cuantos años. Allí estaban. Y sinceramente, algunos ya los daba por desaparecidos y he pasado un buen rato releyéndolos de nuevo.

"Las regaderas son para el verano" es un relato que escribí para mi primer fotolog y en el que trataba de abordar, en clave de humor, los cambios políticos que se habían producido en Galicia con ocasión de la victoria electoral del Bipartito (más conocido como Tripartito para los que trabajamos en la Xunta, dado el inmenso poder que, durante esos cuatro años de nacional-socialismo, conservó el Partido Popular en las estructuras de la Administración autonómica). Eran aquellos tiempos en los que después de muchos años de gobierno popular fraguista, los gallegos estábamos ilusionados con la victoria en las urnas del PSOE y del Bloque. Sin embargo, las primeras decisiones adoptadas por este gobierno de coalición supuestamente de izquierdas: el plus de los Altos Cargos, un cambio en el Estatuto de Autonomía que consistía solamente en llamarle a Galicia "nación" o "nazón", y otra serie de medidas que no eran las que demandábamos los gallegos que habíamos votado por el cambio, ni respondían a las necesidades económicas y sociales del país, nos hicieron presagiar lo peor. Los malos augurios se confirmaron pronto y los cuatro años de nacional-socialismo se convirtieron en una auténtica pesadilla. Las ilusiones de muchos gallegos se diluyeron con la misma rapidez con la que se diluye la orina al tirar de una cisterna.

La inspiración para esta serie, que pensaba dividir en varias partes, me llegó al contemplar en un diario una foto de Don Alberto Núñez Feijóo apagando un "supuesto" incendio -y digo "supuesto", por que parecía más bien un pequeño incendio creado para la ocasión- con una manguerita y ataviado como los pijos madrileños del barrio de Salamanca, sólo le faltaba un jersey sobre los hombros. Este hecho me había parecido insultante, ya que en aquel verano fatídico, Galicia estaba literalmente ardiendo por los cuatro costados, y lo que menos necesitábamos era de este tipo de exhibiciones movidas por el único afán de obtener rédito electoral.

Como siempre suele ocurrir con la mayoría de mis textos, el relato de "las regaderas son para el verano" murió, sin visos de continuidad, a poco de concluir la tercera parte. Ahí quedó, soy una persona de grandes principios pero de pobres, tristes e inconclusos finales. Releyéndolo, veo que no era gran cosa y que incluso estaba mal redactado, pero cuanto echo de menos a aquel Rafa de 34 años en el que todavía era posible encontrar imaginación, inspiración, ironía, creatividad, ilusiones y un punto de locura sana, y cuanto aborrezco al Rafa cuasi cuarentañero, gruñón, gris, apático y desencantado que es ahora. Cinco años que han pasado demasiado rápido. Me he prohibido mirar atrás para no sentir el vértigo de la vida.

"Las regaderas para el verano", sin ser realmente gran cosa, entretiene, que no es poco. Ida de olla pura y dura.

Me encantaría regresar de nuevo, al florido camino de la imaginación...

LAS REGADERAS SON PARA EL VERANO

PRIMERA PARTE:

-¡Ooooooh!, ¡magnífico regalo de Reyes!, exclamó el joven lider de la oposición mientras curiosaba con inusitado entusiasmo el resto del paquete, ¡es fantástico!.

Don Alberto N. Feijóo no tardó en descubrir al autor del envío. El remite procedía de la madrileña Calle Génova y en el reverso de una estampita de la Virgen de la Almudena, pudo leer la siguiente dedicatoria:

“Mi estimado amigo Alberto:

Con todo mi cariño, te regalo el último grito en mecanismos de lucha contra el fuego, espero no tengamos que utilizarlo mucho en nuestro verano gallego. Nos vemos en la próxima ramería por nuestras amadas tierras del noroeste de España.
Fdo: Don Mariano R.
España, 4 de enero de 2007”.


-Jijijiji, ramería…, farfulló por lo bajo Don Alberto mientras pensaba hasta que punto debieron afectar a nuestro presidenciable lo precipitado de los últimos acontecimientos políticos vividos en España, para hacerle cometer semejante errata. Por un momento, tal error le hizo pensar en que el escrito pudiese llevar la firma de un conocido político lalinés, pero fue tan solo durante unos segundos. Era indudable que Don Mariano hacía alusión a las "romerías" que el partido celebraba todos los veranos por tierras gallegas.

- Gracias Mariano!, gracias amigo!!!, exclamó el joven Alberto.

Don Alberto sabía que tenía entre sus manos un moderno artefacto de lucha contra incendios que todavía no había sido comercializado, pero que según informaciones obtenidas por infiltrados de su partido en la Consellería de Medio Rural, situaría de manera inmediata a Galicia como pionera de la Unión Europea en materia de lucha contra incendios. No obstante, la regadera que le había regalado Don Mariano, ya había sido probada con notable éxito por los vecinos de Porqueirós en los últimos días del verano pasado.

Don Alberto paseaba por su finca regadera en mano, en su cabeza se agolpaban las imágenes de los duros momentos vividos a principios de agosto junto con su amigo Don Mariano, en los que las brasas de un duro incendio forestal en su jardín, estuvieron a punto de acabar, de manera miserable y cruel, con sus vidas. Ahora sabía que poseía entre sus manos un auténtico arma letal contra el fuego, ahora era consciente de que realmente estaba protegido del azote de las llamas. - ¡Agora Nunca Máis! exclamó Don Alberto N. F., no sin cierta sorna.

Caía la noche, Don Alberto se encerró en una habitación que utilizaba como despacho. Había llegado el momento de trabajar en el tema que de verdad preocupaba a la mayoría de los gallegos: El Estatuto de Autonomía. Sabía que más de dos millones de personas estaban pendientes de si éste iba a recoger el concepto “nación” ou “nazón”, y si lo iba a hacer o no en el preámbulo, cuestión capital que ayudaría a mejorar los índices económicos y en general el nivel de vida del pueblo gallego. Don Alberto se sentía feliz. Mañana le esperaba una reunión importantísima con sus otros dos socios del Gobierno gallego tripartito para debatir en profundidad este tema, pero no le importó. Volvió su vista hacia la hermosa regadera de color gris metalizado regalo de Don Mariano.(continuará…)

PARTE SEGUNDA:

Aquella noche Don Alberto se acomodó en cama al lado de su regadera. Se sentía como un niño de nuevas generaciones con zapatos Martinelli nuevos. Vivió grandes sueños de grandeza al lado de Don Manuel y de Don Mariano participando en cruentas cacerías por bosques de la provincia de León mientras la costa gallega era aniquilada por una enorme mancha de chapapote…___¡¡¡¡Aaaaaaaaaaahhhhhhh!!! ¡El puto Prestige!. Como cada noche desde hace tres años, la misma pesadilla se colaba de nuevo en su cerebro para peturbar su merecido descanso y su infinita paz interior. Un sudor frío resbalaba ahora por su frente como si de un hilillo de plastilina se tratase.


Eran todavía las cinco de la mañana pero por el precedente de noches anteriores, sabía que no sería capaz de conciliar nuevamente el sueño. Resignado, se entregó a la lectura del ABC. Pasó rápido las insustaciales páginas dedicadas a asuntos nacionales e internacionales y se fue directamente a la sección de deportes para observar con detenimiento una foto de Fabio Capello mostrando su dedo índice al público del Bernabeu…

_ Este tío si que sabe, pensó Don Alberto, eso sí que es saber tratar al populacho, cuánto tenemos que aprender de estos multimillonarios analfabetos.

Dio un último repaso a las clasificaciones de primera y segunda división antes de cerrar definitivamente el periódico. Quedaban todavía tres horas para la reunión con sus socios de Gobierno, Don Emilio y Don Ángel, en la que debatirían sobre la inclusión del término "Nación" en el preámbulo del Estatuto de Autonomía, así que aún le restaba tiempo para entregarse a una de sus aficiones favoritas: cantar en la ducha. - Tu piel moreeeena sobre la areeeeeena, los ecos de su canción favorita del verano del 2006 retumbaban por toda la casa, algo que no le importaba demasiado, puesto que aquella noche se encontraba solo.

Con el cuerpo todavía húmedo y una toalla enroscada a la cintura, se dirigió hacia la cocina para preparar un buen tazón de cola cao con galletas, el desayuno que le acompañaba y le daba fuerzas desde el Mundial de España 82.

Mientras la leche se calentaba a fuego lento, Don Alberto asió contra su pecho la regadera. La frotó varias veces, hasta que, de repente…

- ¡Por el amor de Dios Todopoderoso!, ¡qué es ésto!.

De la regadera comenzó a salir una especie de vapor que fue cogiendo forma humana a medida que avanzaban los segundos. Ya no cabía ninguna duda, un genio con bigote estaba saliendo de la regadera. Un genio que como veremos más adelante, poseía un muy mal genio. Se disipó el vapor. Don Alberto hizo un esfuerzo por no desmayarse. Se arrodilló ante el genio en señal de respeto, y de sus labios se escapó un nombre antes de perder definitivamente el conocimiento:

_Don José María Azzzzzzzzz



PARTE TERCERA

Don Mariano recibió por teléfono la noticia del desvanecimiento de su pupilo. Era muy temprano, no había despuntado el alba todavía y este contratiempo le había cogido por sorpresa mientras programaba el calendario de manifestaciones de los próximos sábados. Una ardua tarea en la que Don Mariano llevaba ocupado varios días. Afortunadamente para él, esa mañana sacaba provecho a su erección matutina recreando su vista ante una foto de Norma Duval que había descargado de internet minutos antes:

_ Sin duda, gran invento esto de internet, pensó nuestro hombre mientras recordaba aquellos años no tan lejanos en los que guardaba la revista Interviu entre las ásperas páginas del ABC para pasar desapercibido ante sus vecinos. Eran tiempos en los que confiaba a ciegas en su quiosquero y en el Padre Bono, su director espiritual, otrora únicos confidentes de aquel su gran secreto onanista.

De repente, el himno del Real Madrid sonó en su recién estrenado móvil Sony Ericsson último modelo. Pudo distinguir, a través de los colores rojo-amarillo-rojo de la pantalla, que el número correspondía a Don Alfonso R., el número 2 de su formación política en Galicia. Dudó en atender la llamada, ya que intuía una consulta técnica preparatoria de la reunión sobre la reforma del Estatuto de Autonomía que se celebraba en Santiago de Compostela ese mismo día. Una pregunta para la que seguramente no hallaría ninguna respuesta, dada la complejidad de ese gran debate político.

Lo temprano de la hora lo convenció para atender la llamada. Desde un hospital privado de Vigo, Don Alfonso le informaba, de forma minuciosa, acerca de como habían encontrado insconciente a Don Alberto en su casa, tendido en pijama al lado de un objeto similar a una regadera. También dio parte Don Alfonso, de como el joven Don Alberto había sido trasladado de urgencia a un hospital en el que tendría que permanecer 24 horas en observación. La caída le había ocasionado además, una fuerte brecha en la cabeza de la que emanaba abundante sangre. Al escuchar esta última información, Don Mariano recordó la famosa estrofa del grupo cañí madrileño Gabinete Caligari: -¡sangre española brotó rabiosa de su sién....!, canturreó para sus adentros.

Se despidió de Don Alfonso. Colgó el teléfono. Palideció. Palideció al mismo tiempo que el descenso de su flujo sanguineo hizo desaparecer lentamente lo que hasta hace pocos minutos era una gran erección _¡Otra vez será!, exclamó. No había tiempo que perder, había decidido coger un avión esa misma mañana para trasladarse a Galicia y visitar así a su querido amigo Don Alberto. Se vistió con un elegante traje de color gris a juego con su persona. Ajustó el nudo de la corbata, y ya por último, colocó con esmero un lazo azul en la solapa de su chaqueta.

(continuará, quizás algún día...)


lunes, 3 de mayo de 2010

La urraca cruza la carretera



Cojo prestado el título de un cuento de Ignacio Aldecoa. En realidad, el argumento de ese cuento no tiene nada en común con mi texto de hoy. Tampoco lo tiene el título, pero mi imaginación está en crisis desde hace dos años y no se me ocurrió otra cosa.

Dentro de mi analfaburrismo cinéfilo, soy aficionado al cine de Jarmusch. Me gusta esa capacidad tan suya de hacer coincidir la vida de varias personas, sin ninguna vinculación aparente entre ellas, en la misma circunstancia de tiempo y de espacio. Varios argumentos que se comportan como afluentes distintos que se entrelazan, solapan, coinciden, confluyen y finalmente desembocan en el mismo argumento. Desde que a los dieciocho años ví "Mistery Train", siempre he tenido ganas de escribir un texto al estilo Jarmusch. Por supuesto, todos los intentos han sido infructuosos. En otra aburrida tarde de sábado en Ourense (y ya van...), y mientras esperaba iusionado esa llamada al móvil que nunca llega, traté de escribir algo al estilo Jarmusch. El resultado fue otro texto mediocre, la enésima parida "Made in Rafa". Y por supuesto, muy alejado del Jarmuschsanismo (este palabro me lo he inventado yo) que me había planteado como objetivo inicial.



Utilizo dos párrafos prácticamente idénticos. Tan sólo he cambiado los nombres de los dos protagonistas y las circunstancias de la vida que les ha tocado en suerte. Los dos cumplen años el mismo día, y los dos viven el uno enfrente del otro. La novia de uno es el nuevo ligue del otro. Uno es un chico enfermo que lucha por vivir, y el otro es un chico sano que lucha por enfermar. La vida es tan sólo cuestión de suerte, y en esta ocasión, la suerte está separada por tan sólo unos metros de calle. La urraca cruza la carretera. En fín, que es un texto bastante regulero, para que os voy a engañar. Que Jarmusch me perdone.

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Era mediodía, el sol brillaba altivo con toda su fuerza. La sirena de una ambulancia había despertado de su sueño al gran Rufloxxx DJ. Maldijo vivir frente a un hospital. Se arrastró hacia el baño pero no le dio tiempo a llegar. Vomitó sobre el pasillo su coctel de pastillas, coca y alcohol. La noche había sido muy dura, celebraba su 24 cumpleaños y se sentía en la cima del mundo, era el DJ más reputado de la ciudad. Recorrió a gatas el enlosado de mármol del pasillo y se metió de nuevo en cama, le esperaba otra dura noche por delante, tenía mucho trabajo con aquella morenaza alta de melena ondulada que llevaba dos noches asistiendo a sus pinchadas. La deseaba en su cama. Se había enamorado de la forma y del tamaño de sus tetas –“¡esos pechos son perfectos, los quiero para mí ya!”-. El trabajo de “conquista” estaba resultando más duro de lo habitual y eso le obligaba a redoblar esfuerzos de labia y chistes, la muy pesada no le hablaba de otra cosa que de su novio enfermo de leucemia. – “Dos noches, bastará con dos noches y la tendré en mi cama, soy el gran Rufloxxx DJ, no puedo perder más tiempo con esa estrecha”. Un moquillo espeso resbalaba desde su nariz. Se quedó profundamente dormido…Zzzzzzzzz-scratch-Zzzzzzzzz-Ra-Ra-Rayado-Zzzzzzzz-Scratch- Se sintió feliz, lo tenía todo, pero entre arcada y arcada, una sensación de vacío aplastaba su pecho.

Era mediodía, el sol brillaba altivo con toda su fuerza, también sobre los muros de piedra del hospital. El ruido de unos juegos infantiles habían despertado de su sueño a Mario. Maldijo vivir enfrente de una urbanización llena de vida. Se arrastró hacia el baño pero no le dio tiempo a llegar. Vomitó sobre el pasillo su coctel de suero, pastillas y quimioterapia. La noche había sido muy dura, cumplía 24 años pero no pudo celebrarlo. Su leucemia y el dolor que sentía por los pocos días que le habían pronosticado de vida le mantuvieron despierto casi toda la noche. Recorrió a gatas el enlosado de mármol del pasillo y se metió de nuevo en cama, le esperaba otra dura noche por delante, otra dura noche de lucha por la vida. Se acordó de ella, de su novia, llevaba ya dos días sin verla y se entristeció al pensar que se había olvidado de felicitarle el cumpleaños. Recordó su sonrisa y su melena morena ondulada. La deseaba a su lado, hacía ya unos cuantos años que se había enamorado de la forma y del tamaño de su corazón. –“Es perfecta para mí, si salgo de ésto me iré a vivir con ella, la quiero en mi casa ya!”-, pensó. Dos días llevaba sin verla y a él ya le hacía más daño la ansiedad que la leucemia. Bautizó a su almohada con el nombre de su novia y le dio un abrazo, la comió a besos. Una lágrima resbalaba desde sus ojos, se quedó dormido, Zzzzzzzzzzzzzz. Se sintió desdichado, no tenía nada, pero entre arcada y arcada, el amor y las ganas de vivir inflaban su pecho.



domingo, 28 de febrero de 2010

Un dominguero en el Ourense clásico





Me encantaría tener una máquina de viajar en el tiempo para perderme por las calles de Ourense de principios del siglo pasado. Pero mucho me temo que jamás existirán esas máquinas, con lo cual, no me queda más opción que recurrir a la poderosa máquina de la imaginación, y también a las "fotos de época", para disfrutar de una apacible jornada de domingo por la Auria en blanco y negro.

Es domingo, se acerca la hora del vermú, y busco en el armario un sombrero y mi traje más elegante. Aunque el día ha amanecido soleado y la temperatura acaricia con suavidad las calles de mi ciudad, es todavía febrero y no hay que confiarse, así que elijo, de entre tres gabardinas, la que va más a juego con mi traje negro. Es ya casi mediodía, me miro por última vez en el espejo y salgo a la calle, a ver si este domingo consigo por fin hacer algo de provecho para abandonar mi soltería, que ya son años.

Me dirijo hacia la Avenida de Pontevedra (en la foto), la calle en la que discurre buena parte de la vida social de los ourensanos. Compro el periódico en un quiosco cercano y busco una silla libre en las concurridas terrazas del Café La Iberia, que junto al Victoria, el Unión y el Regio, son las cuatro Cafeterías que llenan de vida la calle. Vermú, tabaco de picadura, los sonidos de la actuación de la Banda de Música que llegan desde la parte inferior de los Jardines de la Alameda, y la belleza natural de las mujeres ourensanas, las más guapas, como dicen además y con buen criterio, en la letra de una conocida canción popular. Saboreo con calma la tranquilidad del domingo.

Es la hora de comer y me encuentro tan a gusto, que no me apetece regresar hasta mi casa en Canedo. Decido darme un atracón de pulpo, pan de Cea y vino tinto del Ribeiro en uno de los bodegones de la Calle Ervedelo, para hacer luego la digestión con un buen paseo por las Calles del Progreso, la Travesía de Paz Nóvoa (actual Calle del Paseo), y Santo Domingo, hasta que llegada la media tarde, tenga que decidirme por alguna de las actuaciones de los cafés-cantantes.

A la altura del Gran Hotel Roma me encuentro con varios conocidos que me convencen para jugar a las cartas en el Café La Bilbaína, también para participar después en una tertulia en los salones del Liceo. Acepto la invitación, ya que me parece una buena forma de vencer a las pesadas horas de la sobremesa. En el Liceo nos informan de que en la Cafeteria "El Regio" actua la cupletista Emilia Bracamonte. Nos acercamos hasta la Cafetería, que está situada a pocos metros del Liceo, en la Avenida de Pontevedra. Ha caído ya la noche y el local ha completado su aforo, tanto de clientes como de humo; no me queda más remedio que ver la actuación apoyado en la barra. Son ya casi las nueve de la noche y mis compañeros de sobremesa deciden acercarse hasta "el Lisardo" en el Puente, para acudir a otra actuación un poco más picante.

Aprovecho que mi casa queda cerca, para, con la excusa de un fingido y fuerte dolor de estómago, despedirme de mis amigos solterones y dar por concluida la jornada dominical. Desde mi casa de Canedo distingo de entre la tintineante y tenue iluminación nocturna de la ciudad, el cimborrio de piedra de la Catedral, también en primer plano el Puente Romano cortando las aguas del Miño. Abro las ventanas para que llegue hasta mí el olor a hierba procedente de las fincas vecinas que, en este último día de febrero, parece anunciar ya la llegada de la primavera. Desvelado y tras haber disfrutado como un ourensano más por las calles y cafeterías del Ourense de hace ochenta años, me introduzco de nuevo en la máquina del tiempo.


* la foto la he escaneado del libro "El Ourense perdurable" de Anselmo López Morais.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Ensayo sobre el olvido






Hacía poco más de un mes que Santiago Llama Azares había despertado de su coma de cuarto grado. El colchón de un hospital había sido, durante 29 años, el único soporte para el liviano peso de un cuerpo inerte. Estudiaba tercer curso de Políticas cuando en aquel fatídico 23 de febrero de 1981, contempló asombrado por televisión las imágenes de unos guardias civiles tomando por las armas el Congreso de los Diputados. Santiago estaba afiliado al Partido Comunista, algunos de sus familiares habían sufrido torturas y vejaciones en las cárceles franquistas por defender ideales políticos de izquierdas. El recuerdo de aquellos sufrimientos de su familia, el miedo a otro régimen militar, y el amor por la libertad, lo condujeron con firmeza hasta las puertas del Congreso. Poco recuerda de aquel día, tan sólo la imagen difusa de cuatro sombras verdes con triconio propinándole patadas y puñetazos, y el fuerte golpe de la culata de una escopeta sobre su cabeza. Y desde aquel instante, todo se volvió oscuro, todo en silencio, durante 29 años...



Todavía no se explican en el hospital como Santiago, después de tantos años sumido en un coma profundo, recuperó el conocimiento. Posiblemente, el caso de Santiago pudiera ser uno de esos milagros que ocurren muy de tarde en tarde. Lo cierto es que aquella mañana de Año Nuevo si que pudo sentir el beso de su madre sobre la frente. Con miedo abrió los ojos, y allí estaba ella, aunque en realidad ella había estado allí todos los días durante 29 años, pero ahora podía verla por fin. Una lágrima resbaló por su cara, y luego le siguió otra, y otra más...su madre era ya casi una anciana y a Santiago le causó sorpresa su vestido completamente negro, al estilo del que utilizaban las señoras mayores que guardaban luto. No quiso hacer “la pregunta” por miedo a la respuesta, los dos se fundieron en un abrazo.


Santiago tenía ya 49 años, aunque su vida se detuvo a los 20. El mes de enero no había sido nada fácil para él, demasiados cambios a los que hacer frente. Los primeros días se interesó por sus familiares, amigos y por Esperanza, su novia. Con tristeza, su madre tuvo que revivir el fatal accidente de tráfico en el que un conductor ebrio se llevó por delante la vida de su marido y de su otro hijo; explicarle que no sabía nada de sus amigos desde hacía ya bastantes años, y comentarle que su novia, - y llegado a este punto de la conversación no pudo evitar una sonrisa-, era a día de hoy uno de los pesos pesados de un partido de derechas y ocupaba un cargo muy importante en el Gobierno de la Comunidad Autónoma de Madrid. A Santiago, lo de las comunidades autónomas le sonaba todavía a chino, pero se alegró por el éxito de Espe, y recordó sonriente aquellas discusiones políticas, -al ser ella una niña pija de familia bien y de derechas y él un barbudo vestido de pana y militante de un partido de izquierdas-, que mantenían de vez en cuando y que añadían una salsa más, a lo que era una hermosa relación de pareja. La tristeza, la decepción, llegarían tan sólo unos pocos días más tarde, cuando Santiago comprobó la clase de persona en la que se había convertido aquella mujer a la que tanto había amado.


Desde la solariega ventana de su habitación, ya no se veían Seiscientos ni Fiats, ni Sincas, ni aquellos modelos de la marca Seat que tanto le gustaban. Se sobresaltaba con la melodía del teléfono móvil de su madre, se había enganchado a internet, y disfrutaba viendo películas en una televisión que ahora era un electrodoméstico completamente plano que colgaba de la pared como si se tratase de un cuadro. No se podìa creer que la tecnología hubiese avanzado tanto en poco más de un cuarto de siglo, le parecía sorprendente y estaba ensimismado con todo "cachibache" que el progreso le ponía delante de los ojos.


Santiago, salvo en esos años de parón vital obligatorio, siempre había sido una persona activa. Lo seguía siendo, por eso sentía la necesidad de ponerse al día cuanto antes para regresar a todos aquellos proyectos que 29 años atrás había abandonado a la fuerza. Había decidido retomar sus estudios de Política.


Sentado frente al televisor, su madre le ponía al corriente de los principales cambios sociales y políticos acaecidos durante su ausencia y que a él tanto le interesaban: la caída de los regímenes dictatoriales comunistas, los grandes atentados, las guerras...cuando le estaba explicando que el desarrollo de la Ciencia y la Tecnología no había sido parejo al de los valores éticos y a los principios de justicia, libertad e igualdad, si no que más bien, el desarrollo de la Humanidad se había producido de forma inversamente proporcional al de la Ciencia, Santiago la interrumpió para preguntarle por aquel señor trajeado de bigote que en los pasillos de una Universidad mostraba su dedo enhiesto a unos estudiantes que le increpaban. Le costó creer que se tratase de una persona que había sido Presidente de España durante ocho años. Afortunadamente, presidentes como el de Venezuela, Italia o Rusia, no habían sido noticia todavía en aquellos primeros días de "vida" de Santiago, el shock emocional sería demasiado grande para una persona como él, un idealista, un defensor de los principios democráticos y de los valores de la izquierda; aunque sí que le sorprendió gratamente el hecho de que un hombre negro presidiera los Estados Unidos de América. Pero de todas formas, seguía sin olvidar aquel gesto que había visto en un ex presidente del gobierno.


Aficionado al baloncesto, a la par que gran defensor de la República, no pudo evitar una sonrisa ante los silbidos recibidos por el Rey en la final de la Copa de Basket. Que viejo está Don Juan Carlos, pensó para sí. Como su equipo de “toda la vida”, el Estudiantes ya había sido eliminado en una ronda previa, decidió animar al Barsa en aquella final contra el Real Madrid, pero de nuevo sintió ante el televisor, la misma vergüenza ajena que había sentido con el gesto del ex presidente. En uno de los descanso del partido, una de las personas que participaba en un concurso de tiros libres, volvía a repetir aquel mismo gesto que en esta ocasión iba dirigido a todos los aficionados que llenaban el pabellón de deportes. Asqueado, apagó la televisión, no quiso seguir viendo la retransmisión del partido.


Se enteró de que también en la televisión púbica ofrecían una especie de eliminatoria para dirimir cuál sería el representante español en el festival de Eurovisión. Le sorprendió que 29 años después, todavía existiese aquel festival que tanto le gustaba y gracias al cual había nacido su apasionada afición por la música de ABBA. Santiago sintió gran interés por el programa y no quería perdérselo bajo ningún concepto; además, le parecía una buena excusa para ponerse al día en música pop española. Pero a mitad de programa, sintió de nuevo el deseo de apagar la tele, ya que las canciones le parecían patéticas, ridículas, bochornosas y de un gusto pésimo. Si la comida había sido mala y hacía presagiar una digestión lenta y pesada, los postres eurovisivos lo dejaron en estado de shock cuando un ser repelente y con un corte de pelo similar al de los fascistas de finales de los Setenta, repetía de nuevo aquellos malos modales que había visto días atrás en televisión. Insultos, manos a los testículos, y todo esto ocurría en la televisión pública española y en horario de máxima audiencia. Le entraron deseos de arrojar la televisión por la ventana, pero no lo hizo por respeto hacia su madre. Entró en un foro de internet para comentar su repulsa por lo que había vivido unos minutos antes, pero para su asombro, comprobó que ese absurdo personajillo se había convertido en una especie de ídolo, en un héroe que contaba ya con varios clubs de fans en internet, para mayor gloria de su nombre, de su educación, y de su mierda de música.

Sintió una náusea. Pensó que tal vez, si ese gesto lo había hecho un ex presidente de un país en un acto público, quizás se tratase de una nueva moda en España, de una nueva costumbre extendida y aceptada socialmente por el pueblo, tan dado como había sido desde siempre este país a la repetición compulsiva y sistemática de comportamientos y hábitos procedentes de personas "ejemplarizantes". Pensó qué clase de país sería aquél que apoyaba y financiaba a personajes burdos y mediocres hasta convertirlos en personas populares cuyos comportamientos eran imitados por buena parte de los ciudadanos. Santiago recordó las palabras de aquel viejo profesor de su Facultad, que se referían a los peligros del neoliberalismo, del libertinaje, del “todo vale” por el dinero, de que una crisis ética puede ser tan preocupante, peligrosa y dañina como una crisis económica; del embrutecimiento del pueblo debido a los nuevos opios introducidos por el capitalismo salvaje; pero en aquellos primeros años de la democracia, las palabras del profesor le habían parecido a Santiago, pura ciencia ficción.


23 de febrero de 2010, en poco más de mes y medio de “vida”, Santiago se sentía decepcionado, dolorido, preocupado, avergonzado. Había visto ya demasiadas cosas y por más que lo intentaba, no conseguía hallarles una explicación racional: No entendía ni se sentía reflejado en las personas que dirigían el Partido Socialista Obrero Español, le causaba una gran decepción el hecho de que un partido de izquierdas gobernase su país de una forma tan nefasta y conformista, sin ideales ni soluciones, avocándolo hacia una más que previsible ruina (su madre le explicó que por desgracia, esto no era algo nuevo y que ya había ocurrido con su otrora admirado Felipe González); tampoco entendía la nula respuesta social ante la crisis y el elevado número de parados, ni tampoco supo entender porqué cuando llamó al sindicato al que se había afiliado antes de su accidente, Comisiones Obreras, para pedir explicaciones por todo este despropósito, le hubiesen colgado el teléfono de muy malos modos. No entendía porqué desde su país se mandaban tropas a otros países de Oriente Medio para participar en matanzas interminables, ni los escándalos de corrupción, ni el mal estado del sistema educativo, ni tantas otras cosas, pero ya cuando al llegar a la sección de deportes de El País, leyó que unos pobres diablos en la Isla de Madeira, que habían perdido a sus familiares y se habían quedado sin casa por culpa de los efectos de un ciclón, se sentían felices por el hecho de que un jugador de fútbol que cobraba 36 000 euros al día, les hubiese dedicado simplemente un gol y no alguno de esos euros, hizo trizas el periódico y se acordó de los sufrimientos de sus familiares represaliados por el franquismo y de que tal día como hoy, había salido a la calle para luchar por la libertad y por la democracia, y que por la defensa de esos valores en busca de una sociedad más justa, lo habían asesinado durante 29 años. La realidad distaba mucho de parecerse a todo aquello por lo que él, y muchos como él, habían luchado en los primeros años de la democracia.


Santiago se metió en cama, y empapado en lágrimas de rabia, apagó la luz de la lámpara de su mesilla de noche, con la intención de quedarse de nuevo a oscuras.


martes, 9 de febrero de 2010

Pasión y muerte en Edonia



Tras disfrutar de un largo periodo de vacaciones en Onán, su misatrompía había tocado fondo. Encerrado en su habitación, deseaba un cuerpo invisible. Se había propuesto evitar todo contacto con los vecinos, los veía tan groseros e impertinentes, ¡arrrgggh!. La falta de refinamiento, los modales bruscos, y en general la vulgaridad de la plebe, lo desquiciaban hasta el extremo de provocar en él ataques de pánico, una enorme náusea. A sus ojos, la plebe no era más que un gran conjunto indefinido de bichos deformes dispuestos a perturbar su paz interior, sus largas horas de meditación.

Notó que había salido el sol por el calor que desprendían las persianas. Aquella mañana de domingo se sorprendió hablando para sí mismo, cantando para sí mismo, escribiendo para sí mismo, vistiendo elegantemente para sí mismo, haciendo el amor para sí mismo... Se sintió feliz y decidió darse otro baño más, disfrutaba con el tacto de la espuma jabonosa sobre su cuerpo desnudo, la vida sin horarios. En su obsesión por la asepsia, se bañaba doce veces al día, la mayoría de ellas lo hacía para sí mismo, ya que había planeado vivir encerrado en su casa mientras contase con los víveres suficientes. Comprobó con alivio que disponía de reservas para tres semanas más. Tres semanas en las que evitaría por completo el contacto con la plebe.

Un inoportuno resbalón lo inmovilizó en la bañera. Sintió un fuerte dolor. No se podía mover. Comprobó asustado que sangraba de forma abundante. Pidió auxilio, pero fue para sí mismo. Nadie podía oir sus gritos debido a la insonoración de las paredes de su casa. Las había revestido con un material especial para evitar cualquier ruido procedente del mundo exterior, pretendía de este modo preservar su paz interior mediante la abstracción absoluta de las banalidades del populacho. Siguió gritando para sí mismo durante unos minutos más. Se quedó afónico. Ya débil por el intenso dolor que le había provocado la caída, exhausto por los continuos y estériles movimientos empleados para erguirse, aún tuvo tiempo de maldecir, también para sí mismo y con las pocas fuerzas que le quedaban, el hecho de llamarse PERFECTO.


sábado, 16 de enero de 2010

Sempre en Farnadelos



















Hermelinda tivo unha vida sinxela. Nasceu en 1886 en Farnadelos, nunha casa ao pé da igrexa. O seu pai era o pedáneo da aldeia e a súa nai atendía as labores domésticas. Cando era nova só saía de Farnadelos para ir bailar á romaría de Picós, o resto dos días pasábaos na aldeia, axudando polas mañás a súa nai nas tarefas da casa e levando ás ovellas a pastar ao monte polas tardes. Casou aos 17 anos cun home de  mediana idade amigo do seu pai e tivo tres fillos. Un morreulle na Guerra Civil, outro emigrou ás Américas e o outro saíulle parvo. Quedou viuva aos 35 anos. O fillo parvo deulle dúas netas ás que mimaba e levaba flores todos os días. O resto dos seus anos transcorreron entre a súa casa, a igrexa, e o monte ao que levaba a pastar o gando. Nunca saíra da aldeia, tan só cando era nova para ir bailar á romaría de Picós. A súa vida tiña un espazo físico de dous mil metros cadrados. Morréu no 1977 e enterrárona no cemiterio da igrexa, ao pé da súa casa. Aquela mesma casiña grande de paredes brancas que xa fóra tamén a casiña dos seus pais e a dos seus avós. As dúas netas quedaron solteiras e levábanlle flores todos os días ao panteón familiar. De non ser polos 33 anos que leva baixo terra, podería dicirse que Hermelinda leva vivindo en Farnadelos cento vintecatro anos. Cento vintecatro anos por riba e por debaixo da terra, sempre en dous mil metros cadrados, sempre en Farnadelos.


viernes, 15 de enero de 2010

Venid a las cloacas



Petunio no estaba atravesando el mejor momento de su vida. Aquella noche de sábado decidió salir solo, necesitaba emborracharse. Buscaba de esta forma olvidar todas sus penas, todos sus problemas. Deambulaba perdido, sin más guías que los letreros luminosos de los pubs en una noche sin estrellas. El despuntar del día lo sorprendió tirado en un portal, con una botella vacía de Ron sobre su cuerpo. Consiguió ponerse de pie. Dando tumbos sobre unas calles desiertas, trató de encontrar su coche. La búsqueda resultó infructuosa y no le quedó más remedio que regresar a su casa andando. Camino de ella, se entretuvo jugando al fútbol de igual a igual con las bolsas de la basura, persiguiendo a un par de monjas con la polla en la mano, y orinando restos de vida nocturna en el portal de una funeraria. Se encontraba fuera de sí.

Al llegar a su barrio, comprobó que la mayoría de los bares estaban ya abiertos. Se metió en uno de ellos, el más cutre. A pesar de la hora temprana, el bar estaba lleno, lleno de hombres cincuentones a los que la soledad de sus casas prendía fuego en sus camas y los arrastraba hacia el bar en busca del líquido que apagase el incendio. Demasiada hombría como para ir de putas. Domingo tras domingo, el líquido era inflamable y el bar, una gasolinera. En una esquina, cuatro expertos en guerras perdidas discutían sobre fútbol, intentó sin suerte meterse en la conversación, le miraron mal, les mostró su dedo índice. Frotó una lámpara que había sobre una mesa pero el único genio que asomó fue el del camarero molesto por la actitud de su nuevo cliente. Se acercó a la barra y pidió un vino. Vomitó toda su noche con el primer trago. Poco después, entre arcadas, comenzó a contar su vida a un resignado camarero. En la otra esquina de la barra, un hombre de sombrero y elegante chaqué, silbaba la melodía de Heartbreak Hotel.



martes, 29 de diciembre de 2009

THE PLASTAS: "LA PESADEZ POR BANDERA"


Recupero este texto que escribí para el otro blog en el 2005. Pretendía ser humorístico sobre la gente que abrasa a los pinchas en las madrugadas de fin de semana, espero que nadie se sienta aludido y además algunos de los grupos citados me gustan. Otro día haré autocrítica y rajaré de los pinchas. Aunque yo no me considero “pincha”, no me gusta pinchar –me pongo nervioso- y además si pincho es porque me lo pide un amigo y siempre para fiestas entre amigos y en locales pequeños en los que me siento cómodo. Desde el 2005 que escribí este texto, hice un par de excepciones a esta regla de pinchar en petit comité, una para pinchar en un concurrido local de la noche ourensana y lo pasé fatal, no quise volver a pinchar allí; y otra para un festival en Ferrol, que ahí sí que me lo pasé bien, más por la gente que me acompañó ese día que por otra cosa. Vamos, que no es lo mío lo de pinchar. La verdad es que el mundillo de los pinchas dará para una buena actualización, creo que está demasiado sobrevalorado para los tiempos que corren; además del exceso de “ego” de muchos de ellos, las ganas de destacar y de figurar de algunos que anuncian sus pinchadas como si fuese la actuación de un grupo o esa atmósfera elitista de los grandes nombres de los platos en la que para ser aceptado no necesitas más que saberte la contraseña: “farlopa”, es así de fácil. Pero eso será otro día.

"Esto pretende ser un ejemplo en clave humorístico de las distintas situaciones en las que se puede encontrar un pincha en cualquier pub un fin de semana, algunas de ellas están basadas en hechos reales y por eso se me ha ocurrido esta historia, a la que que sin duda ha contribuido una interesante conversación en un largo viaje en autobús entre Santiago y Ourense con el señor Pablo Electrocute, un clásico de las pinchadas en las distintas fiestas musicales de la ciudad de Compostela, también especializado en bodas, bautizos, comuniones, fiestas de cumpleaños y despedidas de soltera. Mañana prometo seguir con la seriedad habitual que caracteriza este blog, :)


El año de formación del grupo Los Plastas no está nada claro, aunque pudo tener lugar a lo largo de la década de los Sesenta con la proliferación de los guateques y demás fiestas de desparrame y esparcimiento juvenil.

En cuanto a miembros del grupo, hay que señalar que éste es indeterminado, aunque con el avance de internet y los programas de descarga gratuita su número aumenta día tras día. Son fáciles de reconocer, suelen actuar mayoritariamente en pubs y discotecas durante las noches de fin de semana, los verás situados estratégicamente cerca del pincha, o bien actuando solos -esta es la regla general, porque no hay quien los aguante-, o bien actuando en grupo (en este caso el grupo suele estar formado en su mayor parte por mujeres y aquí es donde “el plasta” suele introducir en su show elementos cómico-circenses con la finalidad de ser riquiños y convertirse en los líderes del grupo, procurando así caer simpáticos y llamar la atención del susodicho colectivo femenino con el objeto de conseguir “premio”, premio que en la mayoría de los casos termina siendo de auto consolación al finalizar la noche.

Los hay que están especializados en distintos estilos musicales, desde el jazz a los sonidos más actuales e insufribles del reggeaton, aunque últimamente proliferan los del tipo “comoamimemoladetodoyocontrolodetodo”. Sus poses y ademanes de grandes entendidos en la materia les delatan casi a primera vista y suelen atacar a los pinchadiscos, sus pobres víctimas, sin ningún tipo de piedad ni tregua, obsequiándolos incluso con amplias lecciones musicales.

Sus peculiares actuaciones suelen finalizar de dos formas bien distintas: Una totalmente desmadrada y de subida de adrenalina cuando su petición es atendida por el resignado pincha -¡ojo! que este caso puede tener el peligro añadido de que el plasta siga pidiéndote canciones toda la noche- y la otra es con enojo y malas caras mientras repiten la frase: " el pincha es un soso y un desagradable, yo a este pub no vuelvo”.

EL TOP TEN DEL PLASTA:

El plasta ejecutivo: Con Dire Straits o el Boss no tienen fallo, “_además, nadie tocaba la guitarra como Mark Knopfler”.

TRATAMIENTO: Este es uno de los tipos de plasta que menos peligros ofrecen al pincha, son bonachones, fáciles de llevar, saben comportarse y les encanta ejercer de melómanos de fin de semana demostrando sus amplios conocimientos musicales en clásicos populares de los ochenta. Lo mejor es dejarlos hablar durante unos minutos, recuerda que tienen que quitarse el estrés de la oficina y además por regla general su lista de grupos no suele ser demasiado amplia.


El plasta neojipi: especializado en acudir a pinchadas sixties a pedir temas de Janis Joplin, “_porque es que tronko, nadie cantaba como la Janis” o en su defecto de Pink Floyd.
TRATAMIENTO: Estamos ante un tipo de plasta de corte divertido, aunque quizás un pelín insistente, te puedes zafar de ellos con un tema de Erma Franklin o de los Bellrays, por ejemplo, y recordándole que tratas de hacer bailar a la gente y no de poner música para un velorio.

El plasta jevi: Les da igual que en ese momento esté sonando Boss Martians o You Am I, lo que quieren es escuchar rock and roll del bueno, del de verdad, por eso no dudarán en pedirte un tema de Barricada o Fito y Fitipaldis, con la opción añadida de Los Suaves si el plasta es de procedencia ourensana.
TRATAMIENTO: Más insistentes que en el caso anterior, suelen abandonar pronto el local si no es atendida su petición musical, les resultará demasiado pijo, eso sí, como es gente que por la noche sale a darlo todo, tendrás que estar pendiente de si te entraron al local con la litrona o la dejaron fuera.

El plasta ochentero: Especializado en dinamitar fiestas de los Ochenta a base de pedir baladas de Scorpions, “_porque p`a baladas las de los heavys”
TRATAMIENTO: No son molestos, enseguida se darán cuenta de que la noche requiere más “caña” que baladas y se darán por satisfechos si les pinchas algún grupo cañero.

El plasta abuelo cebolleta: Por regla general llegarán al local solos, tratando de buscar a una pobre víctima a la que contar la penúltima discusión con su pareja. Se emborrachan con dos copas.

TRATAMIENTO: De los más pesados, muy difíciles de aguantar, no tendrás más remedio que soportarle la borrachera toda la noche y su habitual rollo de lo bien que se lo pasaba en los Ochenta, de su enorme éxito con las mujeres, del mundial de España 82… eso sí, ni se te ocurra dejarle meter baza con el tema de la política, ya que le harán falta varias horas para arreglar el país. Tienes dos opciones para librarte de ellos, si ves que el pelma es sensible prueba con el “Déjame” de Los Secretos, le entrarán ganas de irse para casa a abrazar a su mujer y pedirle disculpas. En caso contrario, siempre podrás probar con el “Miña Terra Galega” de Siniestro Total, les entrará una especie de morriña nostálgica, pensarán que cualquier tiempo pasado fué mejor y se verán fuera de lugar en un pub en el que de repente sólo hay jóvenes de ahora, de esos que no saben divertirse.

El plasta mod de nuevo cuño: Pegajoso y exigente, difícil de desprenderse de él hasta que no le pongas un tema de los Flechazos o de Cooper “-no es para mi, es que estoy con mi novia y le molan mucho, sino los tienes ponme a los Sidonie que también molan, enróllate”

TRATAMIENTO: Ni caso, que se jodan, no se los pongas, puede ser divertido ver como levantan su flequillo a base de resoplidos.

El plasta popero enterado: Dentro de la categoría de plastas son de los peores, te mirarán por encima del hombro desde que entran hasta que salen del pub. Hay de ti sino les pones un tema de los Cure, los Smiths, Deluxe o Los Planetas, te desacreditarán como pincha, aunque por regla general no lo harán a la cara, que para eso ya están los foros de internet.

TRATAMIENTO: Pasar de ellos es la única opción. Es posible que no te vuelvan por el pub y además su afición a la música les durará el tiempo que les dure la carrera universitaria.

El plasta moderno-intelectual: Lo suyo es dar la brasa con Franz Ferdinand, Strokes o Libertines …”-me dijo el pincha que ahora no me los iba a poner, vámonos de aquí que esto está lleno de rancios”.

TRATAMIENTO: Muy relacionados con el tipo de plasta anterior, catalogados también dentro de la categoría de “chungos”, sin embargo pueden dar mucho juego y llegar a ser divertidos si te pones a hablar con ellos de música inventándote nombres de grupos, seguro que además de conocerlos te dicen que tienen algún disco de ellos (o MP3, mejor dicho)."



lunes, 14 de diciembre de 2009

COSECHA ROJA: "Un par de cosas"























Estos próximos días no asomaré mucho por aquí, tan sólo para celebrar un cumpleaños muy especial y para subir algún recopilatorio con mis canciones favoritas del 2009.

Aprovecho esta actualización para recuperar un texto que había escrito el día 1 de noviembre para el fotolog. La mañana anterior había comprado este recopilatorio del grupo ourensano Cosecha Roja y mientras lo escuchaba en casa, se me ocurrió mezclar emociones y recuerdos con los títulos de las canciones. He puesto en negrita los títulos de algunas de las canciones incluidas en el disco:


Ésta mañana he buscado "Refugio en el Ayer", en un día tristón y nublado previo al mes más feo del año - que se puede esperar de un mes que empieza con Fieles Difuntos y en el que el inminente invierno suele dar sus primeros zarpazos- me apetecía recordar "Aquellos Maravillosos Años" . Hoy tenía una cita con el pasado, madrugué y me acerqué a primera hora, para que no fuese "Demasiado Tarde", hasta la tienda en la que hace algo más de 20 años compré mi primer vinilo, Peggy Records.



"Nuevos caminos", nuevos grupos, nuevos formatos para escuchar música, nuevas caras...sólo cuando echo la vista atrás me doy cuenta de que éstos 20 años han transcurrido demasiado rápido, cambios y más cambios a mi alrededor a los que me ha costado adaptarme. A veces me gustaría subir a lo más alto de uno de esos montes que rodean la ciudad para gritar con todas mis fuerzas: ¡"NO PUEDE SER VERDAD”!



Bastó un vespertino paseo por las tranquilas calles de Ourense para comprobar que efectivamente, aunque los recuerdos traten de aferrarse a la imagen pasada de una ciudad en la que disfruté mi infancia y mi juventud, todo ha cambiado y los cambios, en la mayoría de los casos, sólo se ven desde fuera cuando no los vives día a día. No hace falta vivir a "un millón de kilómetros" para comprobar que Ourense, esa ciudad a la que amo por encima de todas las cosas, ha cambiado, y con ella han cambiado mi barrio, mis am¡gos, mi familia...y sin embargo, esta mañana he revivido las mismas sensaciones que a los 16 y aunque todo haya cambiado a mi alrededor, para bien o para mal, en mí se mantienen las mismas aficiones, las mismas inquietudes, la misma cabeza adolescente llena de pájaros y amargura, las mismas batallas perdidas de siempre…demasiadas heridas de guerra y ”Cicatrices” sobre la piel y el “corazoncito” de un niño de casi 40 años…”Se puede decir”.



No recuerdo bien cuál ha sido el primer concierto que he visto en mi vida, posiblemente uno de Cosecha Roja en el salón de actos de la casa da Xuventude. Tiempos locos de juventud en los que disfrutaba enormemente con la oferta de una ciudad que en aquellos años era el referente musical de Galicia. Poco dinero en el bolsillo y mucho vino barato. Vinilos y maquetas. Conciertos y más conciertos…pero con el paso del tiempo, “todo se acabó”. No había “violines ni campanas” en los conciertos de Cosecha Roja, pero sí el POP que gracias a programas como “Augas Atlánticas” de Marcos López, comenzaba a descubrir en aquellos días…y gracias también a gente como Carlos Rego, o como Labra, o como los incombustibles de la primera época del SODA. Recuerdo que un buen día en Peggy Records conocí la música de Jonathan Richman y me compré en vinilo (no existían los cd`s todavía) uno de sus discos, por suerte Carlos Rego estaba en ese momento en la tienda y cuando pregunté al dependiente por el disco, Carlos me lo recomendó…con tono amable (antes era tono amable, tampoco existía el buen rollito, choni), haciendo gala de una pasión nada forzada y con ese entusiamo que diferencia a un aficionado por la música, de alguien para el que la música no es más que un adorno o una excusa para ir de guay y hacer el imbécil, tan de moda esto último, por cierto.



En esa cita con mi pasado, hoy me he comprado “Un par de cosas”, un CD editado hace pocos días por Hanky Panky Records en el que colaboran el XiriaPop y Peggy Records. “Un par de cosas” recopila 22 canciones del grupo. Edición de lujo en coqueto digipack (no sé si escribe así y la verdad es que me da igual) con un libreto que incluye notas de Juan de Pablos, Eduardo Ranedo, Fernando Gegúndez y las canciones comentadas por Carlos, además de contar también con abundante material fotográfico. Seis euros me ha costado y ojalá sirva para hacer justicia al grupo más infravalorado del Pop nacional…aunque pensándolo bien, no creo que a ellos les importe, seguirán a lo suyo: disfrutando de la música mientras componen buenas canciones para Burgas Beat…qué importan las mismas batallas perdidas de siempre cuando ya han hecho cayo. “Qué pueden decir, que sirva de algo, cualquier cosa que digan, ya la has oído antes.”

Y ahora escuchando este CD en el ordenador -qué poco romántico ha quedado ésto, desde luego que el tiempo no perdona y el progreso no siempre es bueno- de casa de mis padres, en la misma habitación en la que vivía más que dormía hace 20 años, y además de mi madre que ha asomado por la puerta para pedirme que baje el volumen de la música -hay cosas que sí que no cambian con el paso del tiempo :) - me ha visitado el recuerdo de un dulce fantasma de juventud con nombre de mujer…otra batalla perdida más; y he deseado unas “vacaciones permanentes” “Entre tus brazos”, darte “un millón de besos” en “el asiento de atrás”, aunque ya es “demasiado tarde” y seguiremos viviendo en nuestro particular “nido de serpientes”… “Nada más” “Se puede decir”….”Recordarte o Morir”.



Una canción "dura", pero me parece de lo mejor del repertorio de Cosecha Roja, ¡qué carallo!, me parece de lo mejor del POP que se ha hecho en este país:


http://www.goear.com/listen/d2faf59/despedida-cosecha-roja


Y antes de subir un par de fotillos de OU para acompañar la actualización, subo un video de Cosecha Roja en la TVG en el 1993 con Carlos Rego a la cabeza, nuestro Elvis Costello particular. Las letras de Cosecha Roja tienen algo...









jueves, 3 de diciembre de 2009

Recuerdos del futuro



Ayer fue uno de esos días que anticipaban el invierno, de frío y de lluvia, en los que la niebla y la oscuridad llenaban de dudas la mañana. Mientras caminaba sobre la hojarasca de una acera encharcada y el viento me desperezaba con irrespetuosa violencia de una noche de insomnio, tropecé con una bola de cristal.

Ante la sorpresa de tal hallazgo, decidí faltar al trabajo para regresar de nuevo a casa. Excitado, deposité la bola con cuidado sobre una mesa mientras la acariciaba con suavidad, con complacencia, con respeto...como se acaricia a la mujer a la que se ama. No me importaba conocer como sería mi vida dentro de unos años, -si es que tengo vida dentro unos años-, para saber si descansaría por fin en la ciudad en la que anhelo vivir, si le habría ido bien a la gente a la que quiero, si seguiría sólo o habría encontrado por fin a la persona ideal -que no al ideal de persona- con la que estaría dispuesto a rendirme sin condiciones primero, a entregarme desarmado después y a compartir gustoso mi vida ad infinitum...o si no me había hecho falta y ya la conocía de antes. Saber si el esfuerzo, el sacrificio, la lucha, el mantenerme firme sin adulterarme, sin renunciar a mis ideales, servirían finalmente para algo más que para seguir combinando grandes principios con tristes finales. Derrotas humillantes en batallas perdidas de guerras lacerantes.

Dejé de acariciar la bola, no me importaba tampoco desconocer como sería mi vida dentro de unos años, -si es que tengo vida dentro de unos años-, para no sufrir, para evitar la desilusión, para no tener que renunciar a mis sueños. "Una vida llena de sueños está vacía si no se cumplen", me había susurrado al oído, el día de mi Primera Comunión, aquel viejo excéntrico que vivía sólo en la casa contigua a la de mis abuelos y a quien todos en el pueblo tomaban por loco. Lo encontraron muerto en el monte, al lado de un lápiz y con unas cuartillas arrugadas entre las manos, llenas de poemas de amor. Se comentaba que había muerto de la enfermedad del alma.

Cogí la bola de cristal con el mismo celo con el que se abraza a un recién nacido y salí de casa. Era ya de día y de entre las nubes asomaba tímido un rayo de sol esperanza, había dejado de llover. Deposité la bola sobre una cesta de mimbre al pie de un pequeño riachulo que había formado la lluvia, le puse un nombre bíblico y esperé a que la arrastrase la corriente. Me fuí a trabajar caminando despacio, silbando, con las manos en los bolsillos. El viento cortaba mi respiración y se llevaba lejos los recuerdos del futuro, a cambio, el aire me traía el aroma a pan fresco de un horno cercano. Con la intención de que no condicionase mi presente, había perdido la posibilidad de conocer mi futuro. No me importaba. Inspiré profundamente hasta llenar de aire mis pulmones, miré al frente, y seguí avanzando con paso firme.

martes, 24 de noviembre de 2009

POLAS COUSAS FERMOSAS...



Hoxe vou facer patria, pero non patria de bandeiras nin de fronteiras, que esas non son realmente patrias, senón patrañas suxeitas a decisións políticas. A miña patria é o meu contorno, os meus amigos, os lugares onde teño as miñas lembrazas, as rúas e prazas, os camiños de terra, as fontes de pedra, os cruceiros, as montañas, as chairas, as leiras, todos eses anacos de terra que me enchen de saudade, de morriña. Nostalxia. Eu non son de Ourense cidade, malia nacer no hospital ese da rúa Sáenz Díez onde nacimos case tódolos ourensáns e malia defender á vella Auria como se fose parte integrante da miña familia. Eu, en realidade, son de Bande, o pobo que vedes na fotografía.

Nesa vila vivín os cinco primeiros anos da miña vida. De Muíños é a miña familia paterna e dese rincón do mundo é do que me sinto “cidadán”. Eu son dun pobo do interior alonxado da costa, un fillo da Baixa Límia, no corazón do Xurés, no norte de Portugal, e por iso, de tarde en tarde, aínda sinto nos meus ósos o frío da neve dos duros invernos limiaos; o arrecendo a perfume da droguería que tiñamos debaixo da casa; o olor da combustión da leña na cheminea co que espertaba polas mañáns; os aullidos dos lobos nos bosques que veía dende a fiestra da miña habitación, neses intres nos que a lúa e a néboa ganánballe a partida ao sol, a maxia e o misterio mesturados co medo... contos ao calor dunha lareira; as excursións de fin de semana cos meus pais por Mugueimes, Cados, Nigueiroá e demais aldeas veciñas; as caricias dos raios do sol cando tirado na herba do Salto das Conchas contemplaba toda a grandeza das montañas do Xurés; o sabor do pan fresco polas mañás; as lendas populares e o silencio do interior da Igrexa de Santa Comba, os concursos de mexos cos meus curmáns nas pedras do dolmen de Maus de Salas; o peito ardendo cando a escondidas lle daba un grolo ao augardente de guindas que facía a miña bisavoa ; a color azul verdosa do Seat 600 da miña nai, os gaiteros e o estoupar dos foguetes na romaría da Clamadoira; o son a ovo fritido dos singles dos sesenta que tiña o meu pai como lembranza da súa época de emigrante en París; os xogos coa miña cadeliña Twist e a inmensa tristura que sentín cando unha mala tarde de inverno morreu esmagada baixo as rodas dun coche; as leitugas e patacas á porta da casa como mostra da hospitalidade da boa xente do lugar...noutras partes do mundo chámanlles paletos, coitados...non saben que ser paleto non ten nada que ver con ter máis ou menos cultura, con ler máis ou menos libros, con saber de cine ou de música máis que ninguén; non saben que ser paleto é máis ben unha actitude e que unha persoa boa e educada non pode ser nunca un paleto, aínda que careza de estudos e de cultura. Non saben que nas universidades e nas cidades onde eles viven hai moitos máis paletos que nas aldeas, abofé que sí os hai, e podería poñer exemplos dalgunha que outra ¿cidade? que coñezo, mellor non me fagan falar.

Hoxe deixeime levar novamente pola sensación agridoce da nostalxia. A nostalxia ocupa un lugar moi importante na miña vida e esta tarde de frío e choiva, para espantar a ameaza da soidade, apetecíame falar de lembranzas e de cousas fermosas, e poucas cousas hai máis fermosas na vida dunha persoa que sentirse orgulloso do seu pobo, da súa infancia, dos seus recordos. Hoxe apetecíame falar desa sensación de inocencia que sentía de cativo ao empezar a descobrir o mundo, cando o mundo -o meu pequeno mundo- só se chamaba Baixa Límia. A nostalxia a veces non é máis que unha chamada ao pasado para que acuda ao rescate do presente, e en noites coma ésta, gostaríame que viñese ao rescate, que me levase con ela voando para ser quen de perderme de novo por bosques, ríos e pobos abandoados, para deixarme acariciar pola néboa do Xurés, para xogar coa neve, para perseguir rás aorredor dos estanques onde as mulleres enloitadas lavaban a roupa, para quedar durmido co son dos grilos e co olor a herba seca dos atarcederes do verán...para sentirme como unha formiga ante a grandeza do crepúsculo.


E porque hoxe lembrando a miña aldea, a miña infancia, e mentres me deixaba atrapar pola letra, pola maxia desta inmensa canción de SIMON & GARFUNKEL, lembréime de tí. Hoxe vai polas cousas fermosas...

http://www.youtube.com/watch?v=Q60YKfPKdjQ

martes, 10 de noviembre de 2009

ATLANTIC OCEAN BLUES


Algo más relajado que estos días atrás -por fin estoy finalizando los cursos de deformación profesional que estoy haciendo y ya prácticamente he acabado con la publicidad del concierto del día 14- he recuperado uno de los textos que escribí para el segundo fotolog que tuve y que afortunadamente conseguí salvar de la quema y no sé como, porque he perdido muchísimos relatos en esos actos impulsivos de mandar a tomar viento fresco al fotolog por historias y malos momentos que no me apetece NADA recordar.


Éste texto me salió en una puesta de sol en Santiago -sí, no llovía, cousa rara- mientras escuchaba una canción de los Gigolo Aunts titulada "Pacific Ocean Blues" y lo escribí para mi segundo fotolog -exfestasrachadas:


http://www.goear.com/listen/dd88140/pacific-ocean-blues-gigolo-aunts

"Hoy me apetece una actualización musical, pero no la haré sobre un disco, sino sobre una canción, porque hay canciones que consiguen que mi imaginación vuele y que por sus ondas fluyan libremente mis sentimientos, mis recuerdos. Hoy me apetece sacar una foto interior, fotografiarme por dentro con el propósito de lograr que mi estado de ánimo figure en primer plano -sin reflejos, sin ojos rojos, sin sobreexposiciones- para guardarla a continuación y con mucho celo, en el álbum de fotos de mi vida. Pocos instantes existen tan placenteros, y al mismo tiempo tan agrios, como rescatar del olvido los viejos álbumes de fotos. A mí me encanta desempolvarlos en las sobremesas dominicales del otoño, con el sonido de la lluvia sobre las ventanas, el olor a café y la música de un piano como únicos invitados; y también con el dolor de la omnipresente nostalgia, que siempre aparece sin ser invitada ¡maldita!, para humedecerme los ojos y al mismo tiempo, para hacerme gritar con orgullo, aunque sin ser oído: “¡así era yo hace unos años!”; eco de mi voz que retumba hasta morir asfixiado entre las paredes de una habitación a oscuras, habitación a oscuras...aoscuras...uras...as. Eco, eco, eco...


Durante los años que viví en Vigo, tuve la grandísima suerte de hacerlo en un piso con vistas a la Ría, recuerdo que al llegar el atardecer me encantaba escuchar, una vez tras otra, esta canción de los Gigolo Aunts: "Pacific Ocean Blues”. Me gustaba tumbarme sobre el sofá, contemplar la hermosa puesta de sol, el sol rojizo de finales de verano que a esas horas del día era devorado por las aguas del mar, y dar recreo a mis pensamientos para que jugasen libres sobre la inmensidad del océano, a lomos de espumosas olas, guiados por hermosas sirenas de ondulada cabellera morena. Eran esos momentos del día en los que los problemas parecían desaparecer, se volvían tan insignificantes, absurdos y poco creíbles, que se asemejaban a promesa electoral escupida frente a una chabola. En los instantes fantásticos de “la hora bruja”, esos eran todos los efectos devastadores que ocasionaban en mí los problemas.



Una vez llegada la noche y ya finalizada la incruenta batalla librada minutos antes entre el sol y el mar, cerraba los ojos, me dejaba envolver por la magia y el ritmo tranquilo de "Pacific Ocean Blues", que entraba en mi corazón como un susurro, mientras recordaba a tantos y tantos amigos/as "caídos en combate" ¿qué sería de ellos?, ¿dónde estarán ahora?, me los imaginaba viviendo estresados bajo el peso de una hipoteca, empujando un carrito de bebé o simplemente soportando el yugo de ese contrato llamado matrimonio; entonces me sentía menos esclavo que ellos, bendecía una y otra vez no haber madurado lo suficiente y dentro de mi soledad me sentía feliz...que efímeros son algunos pensamientos que duran lo que dura una canción de 2:23 segundos.


Cinco años más tarde, en un nuevo atarceder con sabor a derrota, he recuperado esa misma canción, la he puesto en mi piso de Santiago con el objeto de sentir otra vez los efectos balsámicos de la magia del ocaso, pero mis sentimientos y emociones ya no fueron los mismos, mi vista se esforzaba en vano por alcanzar una puesta de sol que se ocultaba entre moles de hormigón armado, y aquel horizonte tan radiante, lleno de pinceladas azules y de olor a salitre, del que había sido afortunado testigo en Vigo tiempo atrás, se había transformado en unos edificios de horrible color caqui destinados a viviendas sociales. Me afané por buscar poesía en aquel lugar, en aquel instante del atardecer, pero mi esfuerzo resultó inútil, ¿qué bella poesía puede existir en la pobreza?, ¿qué bella poesía puede existir en un barrio de pobres?. Resignado, cerré los ojos, y entonces... entonces volvió a ocurrir la magia, y dentro de mi soledad me sentí feliz de nuevo. En otro barrio, en otra ciudad, cinco años más viejo, había sido capaz de emocionarme con la misma canción, capaz de soñar con puestas de sol ficticias, con las batallas incruentas que libraban el sol y el mar al llegar el ocaso, como dos extraordinarios actores que reprentaban de forma fideligna su papel de guerreros enfrentados en un extraño ritual atávico que nunca tendrá fin; con barquitos de vela proyectando su sombra sobre el sol mientras aguantan firmes las embestidas de las olas, quién sabe si guiados tal vez por hermosas sirenas.... felicidad, ¿qué es felicidad?, a veces es suficiente una canción de 2:23 segundos para conseguirla, soy así de simple...y al mismo tiempo, así de frágil."

domingo, 1 de noviembre de 2009

FOLIOS Y MÁS FOLIOS EN BLANCO



Primera actualización de un blog que entre otras cosas me servirá para desconectar ¿desconectar de qué? Pues desconectar de la asfixiante rutina, desconectar de la indiscreción del fotolog, desconectar de ese invento llamado facebook que convierte a gente de mi edad en masas de quinceañeros alienados, desconectar de la cultura fast food, desconectar de una sociedad cada vez más a la deriva y sin valores, desconectar de la carencia de imaginación, desconectar de la temática del otro blog en el que escribo y que está convirtiendo mi afición principal en un trabajo, en una obligación más; en definitiva, desconectar para crear un espacio en el que la imaginación y el libre pensamiento se sientan cómodos, sin presiones de ningún tipo, sin ataduras.

Primera actualización de un blog que entre otras cosas me servirá para escribir...¿escribir sobre qué? pues escribir sobre todo y sobre nada. Unos días escribiré sobre las canciones que me gustan, otros sobre libros, otros sobre mi día a día, otros sobre historias que se me vienen a la cabeza...yo que sé, la imaginación al poder. Siempre me ha encantado enfrentarme a un folio en blanco. Conseguir que la imaginación guíe un bolígrafo, con el corazón como único timón, supone para mí un reto apasionante. Me encantaría tener la virtud de redactar bien, de ser un buen escritor. Alguien me dijo una vez que no era necesario, que bastaba con escribir con el corazón para crear textos emocionantes. Cierto, pero cuando me visita la inspiración, echo en falta ua mayor fluidez literaria, saber encontrar las palabras adecuadas que definan lo que siento en ese mágico instante, proporcionar un sentido coherente a la redacción, dotar al texto de una mayor riqueza léxica. El corazón por si sólo no basta para conseguir objetivos, hace falta algo más de lo que carezco. En cierto modo, soy un escritor frustrado. Recuerdo que cuando cumplí 25 años y tras llegar a casa después de una intensa noche alcohol, abrí el estante dónde tenía guardadas mis "novelas" y todo lo que había escrito desde los 12 años (a esa edad había ganado un premio en un concurso de relatos navideños, já) acabó hecho trizas en el cubo de la basura. En aquella noche en la que el alcohol había ahogado mi autoestima, sólo me veía defectos, todo lo que había escrito desde los 12 años me parecía una solemne mierda. Otra historia más de naufragios, cuánto me tengo arrepentido. Poco más he escrito desde aquella noche, otras aficiones con más peso sepultaron definitivamente mi afición por la literatura. Trataré de poner remedio a esta sequía literaria con el presente blog y trataré también, de almacenar en él, los pocos textos que todavía conservo.

Primera actualización de un blog al que he llamado licor de guindas ¿y por qué licor de guindas? Pues por todos los recuerdos que me trae; lo normal es que cualquier gallego tenga una o más aldeas, yo tengo dos: Allariz por parte de la familia de mi madre y Muíños por parte de la familia de mi padre. Siempre me ha gustado más la segunda, quizás porque durante algunos años de mi infancia tuve la dicha de vivir en Bande y la siento más cercana, aunque ya hace un par de años que no la visito. Recuerdo la casa de mis abuelos a pocos kilómetros de Bande, en un pueblo de ocho vecinos que se llamaba Barrio de Muíños, y recuerdo también la casa de mi bisabuela en un pueblo en el que vivía ella sóla que se llamaba El Agrelo. La vida de mi bisabuela fue terrible, se casó por amor muy jovencita con un portugués y pocos años más tarde se quedó viuda, con dos niñas a las que cuidar. Dicen que la envidia es el pecado nacional y a mi bisabuelo lo "pasearon" sin motivo aparente pocos días después de comenzada la Guerra Civil. La casa de mi bisabuela era grande, con pasillos oscuros e interminables, con habitaciones fantasmagóricas decoradas por muebles de madera y retratos antiguos en blanco y negro. La casa, solariega y solitaria, estaba orientada hacia los montes del Xurés, también fantasmagóricos en la lejanía, con unas vistas muy parecidas a las que se ven en la foto (de hecho es una foto del Xurés), con un patio interior cubierto por parras y con un pozo como elemento central. Mi bisabuela hacía un licor de guindas riquísimo, doy fe de ello, ya que en un descuido de mis padres y a la edad de cinco años, lo probé "a morro" . Este blog está dedicado a mi bisabuela y a su licor de guindas, no se trata del espacio número tropecientos mil y pico en internet destinado a hacer apología del alcohol, de hecho ya hace algún tiempo que no me gusta hacer apología del alcohol, una popular droga de destrucción masiva aceptada socialmente, bastante peligrosa y tentadora para los que somos tímidos; además, como ya he comentado anteriormente, este blog es para escapar de comportamientos alienantes, un espacio reservado a soñadores. Puede que los blogs sean la misma mierda que el facebook y el fotolog, pero al menos, me siento más libre y menos expuesto a miradas de gente que no está invitada y total, no creo que lo vayan a leer ni cinco personas.

Queda oficialmente inaugurado este blog, no sé cuándo subiré la próxima guinda, no quiero "atarme" a ninguna periodicidad, pero al menos sé que lo tendré aquí, esperándome, cada vez que me apetezca beber "a morro" el licor de guindas que hacía mi bisabuela.