sábado, 8 de mayo de 2010

Las regaderas son para el verano





En otra tarde de sábado aburrida del mes de ¿febrero? ¿marzo? -dicen que es mayo, pero miro al cielo y no me lo creo- he buscado algunos textos míos en un blog que se llama "la conjura contra el necio" y en el que participaba mi hermano Álex hace ya unos cuantos años. Allí estaban. Y sinceramente, algunos ya los daba por desaparecidos y he pasado un buen rato releyéndolos de nuevo.

"Las regaderas son para el verano" es un relato que escribí para mi primer fotolog y en el que trataba de abordar, en clave de humor, los cambios políticos que se habían producido en Galicia con ocasión de la victoria electoral del Bipartito (más conocido como Tripartito para los que trabajamos en la Xunta, dado el inmenso poder que, durante esos cuatro años de nacional-socialismo, conservó el Partido Popular en las estructuras de la Administración autonómica). Eran aquellos tiempos en los que después de muchos años de gobierno popular fraguista, los gallegos estábamos ilusionados con la victoria en las urnas del PSOE y del Bloque. Sin embargo, las primeras decisiones adoptadas por este gobierno de coalición supuestamente de izquierdas: el plus de los Altos Cargos, un cambio en el Estatuto de Autonomía que consistía solamente en llamarle a Galicia "nación" o "nazón", y otra serie de medidas que no eran las que demandábamos los gallegos que habíamos votado por el cambio, ni respondían a las necesidades económicas y sociales del país, nos hicieron presagiar lo peor. Los malos augurios se confirmaron pronto y los cuatro años de nacional-socialismo se convirtieron en una auténtica pesadilla. Las ilusiones de muchos gallegos se diluyeron con la misma rapidez con la que se diluye la orina al tirar de una cisterna.

La inspiración para esta serie, que pensaba dividir en varias partes, me llegó al contemplar en un diario una foto de Don Alberto Núñez Feijóo apagando un "supuesto" incendio -y digo "supuesto", por que parecía más bien un pequeño incendio creado para la ocasión- con una manguerita y ataviado como los pijos madrileños del barrio de Salamanca, sólo le faltaba un jersey sobre los hombros. Este hecho me había parecido insultante, ya que en aquel verano fatídico, Galicia estaba literalmente ardiendo por los cuatro costados, y lo que menos necesitábamos era de este tipo de exhibiciones movidas por el único afán de obtener rédito electoral.

Como siempre suele ocurrir con la mayoría de mis textos, el relato de "las regaderas son para el verano" murió, sin visos de continuidad, a poco de concluir la tercera parte. Ahí quedó, soy una persona de grandes principios pero de pobres, tristes e inconclusos finales. Releyéndolo, veo que no era gran cosa y que incluso estaba mal redactado, pero cuanto echo de menos a aquel Rafa de 34 años en el que todavía era posible encontrar imaginación, inspiración, ironía, creatividad, ilusiones y un punto de locura sana, y cuanto aborrezco al Rafa cuasi cuarentañero, gruñón, gris, apático y desencantado que es ahora. Cinco años que han pasado demasiado rápido. Me he prohibido mirar atrás para no sentir el vértigo de la vida.

"Las regaderas para el verano", sin ser realmente gran cosa, entretiene, que no es poco. Ida de olla pura y dura.

Me encantaría regresar de nuevo, al florido camino de la imaginación...

LAS REGADERAS SON PARA EL VERANO

PRIMERA PARTE:

-¡Ooooooh!, ¡magnífico regalo de Reyes!, exclamó el joven lider de la oposición mientras curiosaba con inusitado entusiasmo el resto del paquete, ¡es fantástico!.

Don Alberto N. Feijóo no tardó en descubrir al autor del envío. El remite procedía de la madrileña Calle Génova y en el reverso de una estampita de la Virgen de la Almudena, pudo leer la siguiente dedicatoria:

“Mi estimado amigo Alberto:

Con todo mi cariño, te regalo el último grito en mecanismos de lucha contra el fuego, espero no tengamos que utilizarlo mucho en nuestro verano gallego. Nos vemos en la próxima ramería por nuestras amadas tierras del noroeste de España.
Fdo: Don Mariano R.
España, 4 de enero de 2007”.


-Jijijiji, ramería…, farfulló por lo bajo Don Alberto mientras pensaba hasta que punto debieron afectar a nuestro presidenciable lo precipitado de los últimos acontecimientos políticos vividos en España, para hacerle cometer semejante errata. Por un momento, tal error le hizo pensar en que el escrito pudiese llevar la firma de un conocido político lalinés, pero fue tan solo durante unos segundos. Era indudable que Don Mariano hacía alusión a las "romerías" que el partido celebraba todos los veranos por tierras gallegas.

- Gracias Mariano!, gracias amigo!!!, exclamó el joven Alberto.

Don Alberto sabía que tenía entre sus manos un moderno artefacto de lucha contra incendios que todavía no había sido comercializado, pero que según informaciones obtenidas por infiltrados de su partido en la Consellería de Medio Rural, situaría de manera inmediata a Galicia como pionera de la Unión Europea en materia de lucha contra incendios. No obstante, la regadera que le había regalado Don Mariano, ya había sido probada con notable éxito por los vecinos de Porqueirós en los últimos días del verano pasado.

Don Alberto paseaba por su finca regadera en mano, en su cabeza se agolpaban las imágenes de los duros momentos vividos a principios de agosto junto con su amigo Don Mariano, en los que las brasas de un duro incendio forestal en su jardín, estuvieron a punto de acabar, de manera miserable y cruel, con sus vidas. Ahora sabía que poseía entre sus manos un auténtico arma letal contra el fuego, ahora era consciente de que realmente estaba protegido del azote de las llamas. - ¡Agora Nunca Máis! exclamó Don Alberto N. F., no sin cierta sorna.

Caía la noche, Don Alberto se encerró en una habitación que utilizaba como despacho. Había llegado el momento de trabajar en el tema que de verdad preocupaba a la mayoría de los gallegos: El Estatuto de Autonomía. Sabía que más de dos millones de personas estaban pendientes de si éste iba a recoger el concepto “nación” ou “nazón”, y si lo iba a hacer o no en el preámbulo, cuestión capital que ayudaría a mejorar los índices económicos y en general el nivel de vida del pueblo gallego. Don Alberto se sentía feliz. Mañana le esperaba una reunión importantísima con sus otros dos socios del Gobierno gallego tripartito para debatir en profundidad este tema, pero no le importó. Volvió su vista hacia la hermosa regadera de color gris metalizado regalo de Don Mariano.(continuará…)

PARTE SEGUNDA:

Aquella noche Don Alberto se acomodó en cama al lado de su regadera. Se sentía como un niño de nuevas generaciones con zapatos Martinelli nuevos. Vivió grandes sueños de grandeza al lado de Don Manuel y de Don Mariano participando en cruentas cacerías por bosques de la provincia de León mientras la costa gallega era aniquilada por una enorme mancha de chapapote…___¡¡¡¡Aaaaaaaaaaahhhhhhh!!! ¡El puto Prestige!. Como cada noche desde hace tres años, la misma pesadilla se colaba de nuevo en su cerebro para peturbar su merecido descanso y su infinita paz interior. Un sudor frío resbalaba ahora por su frente como si de un hilillo de plastilina se tratase.


Eran todavía las cinco de la mañana pero por el precedente de noches anteriores, sabía que no sería capaz de conciliar nuevamente el sueño. Resignado, se entregó a la lectura del ABC. Pasó rápido las insustaciales páginas dedicadas a asuntos nacionales e internacionales y se fue directamente a la sección de deportes para observar con detenimiento una foto de Fabio Capello mostrando su dedo índice al público del Bernabeu…

_ Este tío si que sabe, pensó Don Alberto, eso sí que es saber tratar al populacho, cuánto tenemos que aprender de estos multimillonarios analfabetos.

Dio un último repaso a las clasificaciones de primera y segunda división antes de cerrar definitivamente el periódico. Quedaban todavía tres horas para la reunión con sus socios de Gobierno, Don Emilio y Don Ángel, en la que debatirían sobre la inclusión del término "Nación" en el preámbulo del Estatuto de Autonomía, así que aún le restaba tiempo para entregarse a una de sus aficiones favoritas: cantar en la ducha. - Tu piel moreeeena sobre la areeeeeena, los ecos de su canción favorita del verano del 2006 retumbaban por toda la casa, algo que no le importaba demasiado, puesto que aquella noche se encontraba solo.

Con el cuerpo todavía húmedo y una toalla enroscada a la cintura, se dirigió hacia la cocina para preparar un buen tazón de cola cao con galletas, el desayuno que le acompañaba y le daba fuerzas desde el Mundial de España 82.

Mientras la leche se calentaba a fuego lento, Don Alberto asió contra su pecho la regadera. La frotó varias veces, hasta que, de repente…

- ¡Por el amor de Dios Todopoderoso!, ¡qué es ésto!.

De la regadera comenzó a salir una especie de vapor que fue cogiendo forma humana a medida que avanzaban los segundos. Ya no cabía ninguna duda, un genio con bigote estaba saliendo de la regadera. Un genio que como veremos más adelante, poseía un muy mal genio. Se disipó el vapor. Don Alberto hizo un esfuerzo por no desmayarse. Se arrodilló ante el genio en señal de respeto, y de sus labios se escapó un nombre antes de perder definitivamente el conocimiento:

_Don José María Azzzzzzzzz



PARTE TERCERA

Don Mariano recibió por teléfono la noticia del desvanecimiento de su pupilo. Era muy temprano, no había despuntado el alba todavía y este contratiempo le había cogido por sorpresa mientras programaba el calendario de manifestaciones de los próximos sábados. Una ardua tarea en la que Don Mariano llevaba ocupado varios días. Afortunadamente para él, esa mañana sacaba provecho a su erección matutina recreando su vista ante una foto de Norma Duval que había descargado de internet minutos antes:

_ Sin duda, gran invento esto de internet, pensó nuestro hombre mientras recordaba aquellos años no tan lejanos en los que guardaba la revista Interviu entre las ásperas páginas del ABC para pasar desapercibido ante sus vecinos. Eran tiempos en los que confiaba a ciegas en su quiosquero y en el Padre Bono, su director espiritual, otrora únicos confidentes de aquel su gran secreto onanista.

De repente, el himno del Real Madrid sonó en su recién estrenado móvil Sony Ericsson último modelo. Pudo distinguir, a través de los colores rojo-amarillo-rojo de la pantalla, que el número correspondía a Don Alfonso R., el número 2 de su formación política en Galicia. Dudó en atender la llamada, ya que intuía una consulta técnica preparatoria de la reunión sobre la reforma del Estatuto de Autonomía que se celebraba en Santiago de Compostela ese mismo día. Una pregunta para la que seguramente no hallaría ninguna respuesta, dada la complejidad de ese gran debate político.

Lo temprano de la hora lo convenció para atender la llamada. Desde un hospital privado de Vigo, Don Alfonso le informaba, de forma minuciosa, acerca de como habían encontrado insconciente a Don Alberto en su casa, tendido en pijama al lado de un objeto similar a una regadera. También dio parte Don Alfonso, de como el joven Don Alberto había sido trasladado de urgencia a un hospital en el que tendría que permanecer 24 horas en observación. La caída le había ocasionado además, una fuerte brecha en la cabeza de la que emanaba abundante sangre. Al escuchar esta última información, Don Mariano recordó la famosa estrofa del grupo cañí madrileño Gabinete Caligari: -¡sangre española brotó rabiosa de su sién....!, canturreó para sus adentros.

Se despidió de Don Alfonso. Colgó el teléfono. Palideció. Palideció al mismo tiempo que el descenso de su flujo sanguineo hizo desaparecer lentamente lo que hasta hace pocos minutos era una gran erección _¡Otra vez será!, exclamó. No había tiempo que perder, había decidido coger un avión esa misma mañana para trasladarse a Galicia y visitar así a su querido amigo Don Alberto. Se vistió con un elegante traje de color gris a juego con su persona. Ajustó el nudo de la corbata, y ya por último, colocó con esmero un lazo azul en la solapa de su chaqueta.

(continuará, quizás algún día...)


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