lunes, 3 de mayo de 2010

La urraca cruza la carretera



Cojo prestado el título de un cuento de Ignacio Aldecoa. En realidad, el argumento de ese cuento no tiene nada en común con mi texto de hoy. Tampoco lo tiene el título, pero mi imaginación está en crisis desde hace dos años y no se me ocurrió otra cosa.

Dentro de mi analfaburrismo cinéfilo, soy aficionado al cine de Jarmusch. Me gusta esa capacidad tan suya de hacer coincidir la vida de varias personas, sin ninguna vinculación aparente entre ellas, en la misma circunstancia de tiempo y de espacio. Varios argumentos que se comportan como afluentes distintos que se entrelazan, solapan, coinciden, confluyen y finalmente desembocan en el mismo argumento. Desde que a los dieciocho años ví "Mistery Train", siempre he tenido ganas de escribir un texto al estilo Jarmusch. Por supuesto, todos los intentos han sido infructuosos. En otra aburrida tarde de sábado en Ourense (y ya van...), y mientras esperaba iusionado esa llamada al móvil que nunca llega, traté de escribir algo al estilo Jarmusch. El resultado fue otro texto mediocre, la enésima parida "Made in Rafa". Y por supuesto, muy alejado del Jarmuschsanismo (este palabro me lo he inventado yo) que me había planteado como objetivo inicial.



Utilizo dos párrafos prácticamente idénticos. Tan sólo he cambiado los nombres de los dos protagonistas y las circunstancias de la vida que les ha tocado en suerte. Los dos cumplen años el mismo día, y los dos viven el uno enfrente del otro. La novia de uno es el nuevo ligue del otro. Uno es un chico enfermo que lucha por vivir, y el otro es un chico sano que lucha por enfermar. La vida es tan sólo cuestión de suerte, y en esta ocasión, la suerte está separada por tan sólo unos metros de calle. La urraca cruza la carretera. En fín, que es un texto bastante regulero, para que os voy a engañar. Que Jarmusch me perdone.

------------


Era mediodía, el sol brillaba altivo con toda su fuerza. La sirena de una ambulancia había despertado de su sueño al gran Rufloxxx DJ. Maldijo vivir frente a un hospital. Se arrastró hacia el baño pero no le dio tiempo a llegar. Vomitó sobre el pasillo su coctel de pastillas, coca y alcohol. La noche había sido muy dura, celebraba su 24 cumpleaños y se sentía en la cima del mundo, era el DJ más reputado de la ciudad. Recorrió a gatas el enlosado de mármol del pasillo y se metió de nuevo en cama, le esperaba otra dura noche por delante, tenía mucho trabajo con aquella morenaza alta de melena ondulada que llevaba dos noches asistiendo a sus pinchadas. La deseaba en su cama. Se había enamorado de la forma y del tamaño de sus tetas –“¡esos pechos son perfectos, los quiero para mí ya!”-. El trabajo de “conquista” estaba resultando más duro de lo habitual y eso le obligaba a redoblar esfuerzos de labia y chistes, la muy pesada no le hablaba de otra cosa que de su novio enfermo de leucemia. – “Dos noches, bastará con dos noches y la tendré en mi cama, soy el gran Rufloxxx DJ, no puedo perder más tiempo con esa estrecha”. Un moquillo espeso resbalaba desde su nariz. Se quedó profundamente dormido…Zzzzzzzzz-scratch-Zzzzzzzzz-Ra-Ra-Rayado-Zzzzzzzz-Scratch- Se sintió feliz, lo tenía todo, pero entre arcada y arcada, una sensación de vacío aplastaba su pecho.

Era mediodía, el sol brillaba altivo con toda su fuerza, también sobre los muros de piedra del hospital. El ruido de unos juegos infantiles habían despertado de su sueño a Mario. Maldijo vivir enfrente de una urbanización llena de vida. Se arrastró hacia el baño pero no le dio tiempo a llegar. Vomitó sobre el pasillo su coctel de suero, pastillas y quimioterapia. La noche había sido muy dura, cumplía 24 años pero no pudo celebrarlo. Su leucemia y el dolor que sentía por los pocos días que le habían pronosticado de vida le mantuvieron despierto casi toda la noche. Recorrió a gatas el enlosado de mármol del pasillo y se metió de nuevo en cama, le esperaba otra dura noche por delante, otra dura noche de lucha por la vida. Se acordó de ella, de su novia, llevaba ya dos días sin verla y se entristeció al pensar que se había olvidado de felicitarle el cumpleaños. Recordó su sonrisa y su melena morena ondulada. La deseaba a su lado, hacía ya unos cuantos años que se había enamorado de la forma y del tamaño de su corazón. –“Es perfecta para mí, si salgo de ésto me iré a vivir con ella, la quiero en mi casa ya!”-, pensó. Dos días llevaba sin verla y a él ya le hacía más daño la ansiedad que la leucemia. Bautizó a su almohada con el nombre de su novia y le dio un abrazo, la comió a besos. Una lágrima resbalaba desde sus ojos, se quedó dormido, Zzzzzzzzzzzzzz. Se sintió desdichado, no tenía nada, pero entre arcada y arcada, el amor y las ganas de vivir inflaban su pecho.



No hay comentarios:

Publicar un comentario