Los daños colaterales de mis salidas nocturnas ya no son las resacas de alcohol, ni las agujetas de bailar, ni menos aún la vergüenza por haber hecho el "indio"...¡qué va!. El principal daño colateral de mis cada vez más escasas incursiones nocturnas es el de la falta de sueño!!!. Y es que mis queridas sobrinas han cogido la "fea" costumbre de venir a despertarme a la habitación a cualquier hora, les da igual que sean las nueve, las diez o las once de la mañana. Lo que quieren es que me levante de cama para que juegue con ellas o para que les ponga el Pocoyó en el ordenador. Se sirven de cualquier método: tirar de las sábanas, gritarme al oído, darme tortazos en la cara hasta que despierte o tocar la flauta con todas sus fuerzas, como sucedió en mi penúltima salida nocturna de hace un mes.
Lo peor aún está por llegar, porque a Natalia (la de blanco, que cumplió dos años hace dos semanas) y a Alba (que cumplirá dos años en diciembre) se le sumará en pocas semanas Noa, que ya tiene seis meses y viene pisando (gritando) fuerte.
Pues nada, que hoy presumo de sobrinas mientras recojo la baba. Y si hacéis un click en la primera de las fotos que siguen, podréis flipar con los ojazos tan bonitos que tiene Alba.
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