Por desgracia, sigo con mi puesta a punto a través de tediosas sesiones de fisioterapia y a mayores, estoy con otras actividades que prácticamente me ocupan todas las tardes de lunes a jueves, pero esta semana me sucedió algo cuanto menos curioso:
El miércoles me escaqueé del fisioterapeuta y decidí retomar la amistad con algunas personas con las que mantuve bastante trato en mi primer año como exiliado en Compostela. Tras tomar unas cervezas en el pub más limpio y xeitoso de Santiago -el Bolengo, aunque sobraba decirlo-, decidimos continuar la charla en el local de una asociación cultural de índole anarquista. Todo iba bien, hasta que por la puerta asomó una persona de unos cincuenta años de aspecto hippie, larga melena canosa, gafas a lo Tamariz y una elegante chaqueta de pana -el contraste entre la apariencia hippie y la elegancia no debe ser considerado en el caso que nos ocupa como un oxímoron-. A los pocos minutos de su rocambolesca aparición, se adueñó de un portátil y nos pidió silencio. Sobre la blanca pared del local nos proyectó un documental, fechado en el 2002, en el que una persona ofrecía una conferencia sobre la "teoría de la conspiración", el poder de los lobbies, la táctica del miedo como poderosa arma para controlar las mentes e incluso para ganar elecciones -qué curioso que la amenaza terrorista vuelva a estar de moda en plena campaña electoral en los USA-, los abusos sobre la intimidad con la excusa de ofrecer más medidas de seguridad, la creación de necesidades como motor de la economía capitalista, el poder de los medios de comunicación que, recreándose en cuestiones banales, obvia y desvía la atención sobre los asuntos realmente importantes -en este punto, el ejemplo fue perfecto: el contraste entre todo el escándalo que se organizó por la teta de Janet Jackson y el silencio de la foto en la que aparecían varios cadaveres de niños con el cuerpo totalmente destrozado en una calle de Irak- y como no, también se refería el documental al auténtico cáncer de nuestros días: el neolibegalismo.
No soporto a los libegales. Ejemplos de libegales conocidos son Esperanza Aguirre, José María Aznar, Sánchez Dragó, Sarkozi, Berlusconi, la gentuza del Tea Party en los USA... Son macarrillas de medio pelo que presumen de ser más bastos y más chulos que un ocho, que piensan con lo que tienen entre las piernas, que detestan todo lo que huela a "sector público" y a derechos de los trabajadores, que defienden el "todo vale" y de este modo, a este gente le da igual trajinarse a "zorritas" de 13 años, las infidelidades y las orgías con prostitutas, están tan por encima del bien y del mal que no les importa conducir borrachos y protestan cuando se toman medidas para reducir la sangría en nuestras carreteras, les parece mal que se trate de regular el derecho de un artista a cobrar por su trabajo, se la ponen dura los morritos de las ministras y lo espetan sin mayor reparo ante un medio de comunicación, no les gusta que se legisle en contra de la tortura de los animales, son defensores a ultranza de los valores patriotas del nacionalismo, hacen de la mentira su máxima política y social, desprenden también un repugnante tufillo a xenofobia y así, podíamos seguir hasta mañana. Se trata de transgredir a toda costa, de ser el más cachondo, el más machote, el más libegal, mientras los partidarios de lo "políticamente incorrecto" les jalean porque se mean en las reglas, en la más mínima y elemental educación, en los más sencillos modos de comportamientos sociales... Así son los neocons, los neolibegales, y por desgracia, están de moda y no sólo en España. Es "la nueva onda que arrasa" y cada vez hay más gente joven que actúa y tiene unas ideas parecidas a las de las personas que enumeré en el enunciado. Los neoconservadores son muy distintos a los conservadores que conocimos hasta hace unos pocos años y creo que más peligrosos. Seré un rancio, pero es que a mí me gustan los valores, los principios, el amor, la amistad, la buena educación y la defensa de la libertad por encima del libertinaje y de la alienación. El "Todo Vale" es libertinaje puro y duro con un tufillo a interés económico de fondo.
Ya me he desviado del tema, pero es que cuando me pongo a hablar de liberales me enciendo. A lo que iba. El documental es muy interesante y lo hace aún más interesante la circunstancia de que está rodado en el 2002. En cierta forma, es un documento que con ocho años de antelación, explica con todo lujo de detalles la actual crisis económica y ética. De todas maneras, en aquellos momentos que disfrutaba con el palique y que llevaba tres cervezas en el cuerpo, el largo documental supuso un auténtico corte de rollo y no sólo para mí, también para las cuatro personas que se encotraban conmigo en el local. El jipi miraba para nosotros y se mostraba satisfecho. Aunque yo por dentro estuviése acordándome de su familia, por cortesía, le devolvía la sonrisa.
Al llegar a casa pensé ¿convencer a los ya convencidos? ¿para qué?. Ese mensaje del documental que contenía verdades como puños se queda en los circuitos de siempre, no trasciende, nunca llegará a colectivos más numerosos, nunca lo ofrecerán en las televisiones en horarios de máxima audiencia. Son mensajes que se pierden entre gente ya concienciada. Seguramente el documental será proyectado en otros locales para una reducida audiencia de personas que ya conocen al dedillo todas las verdades contenidas en él y el mensaje nunca llegará a personas ajenas a esos círculos. La mayoría de la gente seguirá siendo carne de los "mass mierda" y no tendrán la oportunidad de conocer otros puntos de vista sobre la realidad. La minoría absoluta que piensa de una forma diferente buscará personas con ideas similares y su mensaje se ahogará dentro de esos círculos tildados de "raritos", "marginales" o "antisistema", aunque no lo sean ni tengan nada que ver con el "perroflautismo" ni con la anarquía de cerveza fría. Ni siquiera todas las atrocidades que han cometido "las fuerzas del bien" contra "los malos" y que han quedado reflejadas en la wikileaks, han alcanzado la repercusión mediática que deberían alcanzar dada la gravedad del asunto por tratarse de guerras que nunca tuvieron su razón de ser y que encontraron justificación en el 11-S, ese gran atentado del que nunca conoceremos toda la verdad. No somos más que borregos drogados viviendo en su gran mentira.
El miércoles me escaqueé del fisioterapeuta y decidí retomar la amistad con algunas personas con las que mantuve bastante trato en mi primer año como exiliado en Compostela. Tras tomar unas cervezas en el pub más limpio y xeitoso de Santiago -el Bolengo, aunque sobraba decirlo-, decidimos continuar la charla en el local de una asociación cultural de índole anarquista. Todo iba bien, hasta que por la puerta asomó una persona de unos cincuenta años de aspecto hippie, larga melena canosa, gafas a lo Tamariz y una elegante chaqueta de pana -el contraste entre la apariencia hippie y la elegancia no debe ser considerado en el caso que nos ocupa como un oxímoron-. A los pocos minutos de su rocambolesca aparición, se adueñó de un portátil y nos pidió silencio. Sobre la blanca pared del local nos proyectó un documental, fechado en el 2002, en el que una persona ofrecía una conferencia sobre la "teoría de la conspiración", el poder de los lobbies, la táctica del miedo como poderosa arma para controlar las mentes e incluso para ganar elecciones -qué curioso que la amenaza terrorista vuelva a estar de moda en plena campaña electoral en los USA-, los abusos sobre la intimidad con la excusa de ofrecer más medidas de seguridad, la creación de necesidades como motor de la economía capitalista, el poder de los medios de comunicación que, recreándose en cuestiones banales, obvia y desvía la atención sobre los asuntos realmente importantes -en este punto, el ejemplo fue perfecto: el contraste entre todo el escándalo que se organizó por la teta de Janet Jackson y el silencio de la foto en la que aparecían varios cadaveres de niños con el cuerpo totalmente destrozado en una calle de Irak- y como no, también se refería el documental al auténtico cáncer de nuestros días: el neolibegalismo.
No soporto a los libegales. Ejemplos de libegales conocidos son Esperanza Aguirre, José María Aznar, Sánchez Dragó, Sarkozi, Berlusconi, la gentuza del Tea Party en los USA... Son macarrillas de medio pelo que presumen de ser más bastos y más chulos que un ocho, que piensan con lo que tienen entre las piernas, que detestan todo lo que huela a "sector público" y a derechos de los trabajadores, que defienden el "todo vale" y de este modo, a este gente le da igual trajinarse a "zorritas" de 13 años, las infidelidades y las orgías con prostitutas, están tan por encima del bien y del mal que no les importa conducir borrachos y protestan cuando se toman medidas para reducir la sangría en nuestras carreteras, les parece mal que se trate de regular el derecho de un artista a cobrar por su trabajo, se la ponen dura los morritos de las ministras y lo espetan sin mayor reparo ante un medio de comunicación, no les gusta que se legisle en contra de la tortura de los animales, son defensores a ultranza de los valores patriotas del nacionalismo, hacen de la mentira su máxima política y social, desprenden también un repugnante tufillo a xenofobia y así, podíamos seguir hasta mañana. Se trata de transgredir a toda costa, de ser el más cachondo, el más machote, el más libegal, mientras los partidarios de lo "políticamente incorrecto" les jalean porque se mean en las reglas, en la más mínima y elemental educación, en los más sencillos modos de comportamientos sociales... Así son los neocons, los neolibegales, y por desgracia, están de moda y no sólo en España. Es "la nueva onda que arrasa" y cada vez hay más gente joven que actúa y tiene unas ideas parecidas a las de las personas que enumeré en el enunciado. Los neoconservadores son muy distintos a los conservadores que conocimos hasta hace unos pocos años y creo que más peligrosos. Seré un rancio, pero es que a mí me gustan los valores, los principios, el amor, la amistad, la buena educación y la defensa de la libertad por encima del libertinaje y de la alienación. El "Todo Vale" es libertinaje puro y duro con un tufillo a interés económico de fondo.
Ya me he desviado del tema, pero es que cuando me pongo a hablar de liberales me enciendo. A lo que iba. El documental es muy interesante y lo hace aún más interesante la circunstancia de que está rodado en el 2002. En cierta forma, es un documento que con ocho años de antelación, explica con todo lujo de detalles la actual crisis económica y ética. De todas maneras, en aquellos momentos que disfrutaba con el palique y que llevaba tres cervezas en el cuerpo, el largo documental supuso un auténtico corte de rollo y no sólo para mí, también para las cuatro personas que se encotraban conmigo en el local. El jipi miraba para nosotros y se mostraba satisfecho. Aunque yo por dentro estuviése acordándome de su familia, por cortesía, le devolvía la sonrisa.
Al llegar a casa pensé ¿convencer a los ya convencidos? ¿para qué?. Ese mensaje del documental que contenía verdades como puños se queda en los circuitos de siempre, no trasciende, nunca llegará a colectivos más numerosos, nunca lo ofrecerán en las televisiones en horarios de máxima audiencia. Son mensajes que se pierden entre gente ya concienciada. Seguramente el documental será proyectado en otros locales para una reducida audiencia de personas que ya conocen al dedillo todas las verdades contenidas en él y el mensaje nunca llegará a personas ajenas a esos círculos. La mayoría de la gente seguirá siendo carne de los "mass mierda" y no tendrán la oportunidad de conocer otros puntos de vista sobre la realidad. La minoría absoluta que piensa de una forma diferente buscará personas con ideas similares y su mensaje se ahogará dentro de esos círculos tildados de "raritos", "marginales" o "antisistema", aunque no lo sean ni tengan nada que ver con el "perroflautismo" ni con la anarquía de cerveza fría. Ni siquiera todas las atrocidades que han cometido "las fuerzas del bien" contra "los malos" y que han quedado reflejadas en la wikileaks, han alcanzado la repercusión mediática que deberían alcanzar dada la gravedad del asunto por tratarse de guerras que nunca tuvieron su razón de ser y que encontraron justificación en el 11-S, ese gran atentado del que nunca conoceremos toda la verdad. No somos más que borregos drogados viviendo en su gran mentira.
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