viernes, 12 de marzo de 2010

"MI PATRIA ES LA INFANCIA" (MIGUEL DELIBES)






No me he leído toda su obra, pero a Miguel Delibes no le conozco libro malo, ni siquiera regular. Estos días, y por falta de tiempo, no puedo explayarme con mis entradas de blog, así que dejo pendiente una actualización destinada a ofrecer mi punto de vista sobre algunas de las ideas que Delibes reflejaba en sus libros.


Imagino que, con motivo de su muerte, abundarán columnas en los periódicos dedicadas a repasar su biografía (me gustaría creer que sí, ya que ha sido uno de los escritores más lúcidos y brillantes que han dado nuestras Letras; espero que los Oscar y la Champions League dejen algún huequecillo libre para Delibes), yo me he fijado en dos momentos cruciales en su vida: La temprana muerte de su mujer a mediados de la década de los Setenta, un hecho que marcaría al escritor para siempre (es duro, a veces, enamorarse para toda una vida y militar por convicciones en el bando de los románticos) y la muerte del Delibes escritor en 1998, año en el que le diagnosticaron un cáncer de colon.
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"-Pernales, ¿cómo te las arreglas para escupir por el colmillo? Ésa es una cosa que yo quisiera aprender. -Yo aprendí a escupir por el colmillo, hijo, cuando me di de cuenta de que en el mundo hay mucha gente mala y que con la mala gente si te lías a trompazos te encierran y si escupes por el colmillo nadie te dice nada. Entonces yo me dije: Pernales, has de aprender a escupir por el colmillo para poder decir a la mala gente lo que es sin que nadie te ponga la mano encima, ni te encierren. Lo aprendí. Y es bien sencillo, hijo."

(La Mortaja, 1970)

Y si queréis leer un libro de los buenos, de los duros, de los que se escriben con el corazón en la mano, con mucha sensibilidad pero escapando de sensiblerías (no os esperéis el típico dramón, nada más lejos) os recomiendo: "Mujer de rojo sobre fondo gris". Delibes lo escribió en 1991, unos cuantos años después de la muerte de su mujer, a la que todavía no había olvidado. Delibes, de forma autobiográfica, se mete en el papel de un pintor que reflexiona delante de su hija sobre como ha sido su vida y sobre el amor que sentía, y siente, hacia su mujer. La huella del amor perdurando más allá de la muerte. No es el libro más conocido de Delibes, pero posiblemente, sea mi favorito. Y ya no sólo hablo de Delibes, o de Literatura Española, este libro va más allá. Por desgracia, ha llegado hasta mí demasiado tarde, pero son muchas sus enseñanzas y reflexiones, pocos libros me han impresionado tanto. Si tenéis la oportunidad, leedlo, no os dejará indiferentes, os lo aseguro. He encontrado este fragmento en internet:

"En la vida has ido conociendo algunas cosas pero has fallado en lo esencial, es decir, has fracasado. Esa idea te deprime y entonces es cuando buscas apresuradamente un remedio para poder arrastrar con dignidad el futuro. Ahora no tendré a nadie a mano cuando me asalte el miedo.
(...)
Ninguno de los dos era sincero pero lo fingíamos y ambos aceptábamos, de antemano, la situación. Pero las más de las veces, callábamos. Nos bastaba con mirarnos y sabernos. Nada nos importaban los silencios. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida eran, sencillamente, la felicidad. Yo buscaba en la cabeza temas de conversación que pudieran interesarla, pero me sucedía lo mismo que ante el lienzo en blanco: no se me ocurría nada. A mayor empeño, mayor ofuscación. Se lo expliqué una mañana que, como de costumbre, caminábamos cogidos de la mano: ¿Qué vamos a decirnos? Me siento feliz así, respondió ella.
(...)
Una voz misteriosa me soplaba la lección entonces y yo atribuía a los ángeles, pero ahora advertía que no eran los ángeles sino ella; su fe me fecundaba por que la energía creadora era de alguna manera transmisible ¿De quién me compadecía entonces, de ella o de mí? "









"Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales."

Miguel Delibes (1920-2010) D.E.P.


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