jueves, 25 de marzo de 2010

Fresas Salvajes (1956, Ingmar Bergman)






Como os comentaba ayer, esta semana he disfrutado de una curiosa redención con el cine de Bergman. Hoy he revisado una película que, la primera vez que la había visto -hará unos 20 años más o menos-, me había parecido aburrida y con poco sentido. La típica película para sesudos y cinéfilos eruditos a la que yo le encontraba poca lógica. Además de que los continuos flasbacks al pasado del protagonista me hacían perder el hilo argumental, los finales abiertos, -tanto en los libros como en las películas-, me sacaban de quicio, y esta película en concreto, parecía tenerlo. La conclusión que extraje después verla fue la de que "Fresas Salvajes" no era para tanto, al menos, no me había parecido una de esas joyas del séptimo arte que los entendidos recomiendan ver antes de morir. Estaba equivocado.

La onda expansiva de una película cargada de bombas de profundidad como "Fresas Salvajes" no produce los mismos efectos cuando la ves a una edad en la que estás interesado en cine de aventuras, en series como "El Equipo A", "El coche fantástico", o en saber cual será la próxima cachonda de "Vigilantes de la Playa", y en la que los únicos problemas graves que me había mostrado la vida no iban más allá de estirar la "paga" para conseguir comprar discos y al mismo tiempo, emborracharme con los amigos los fines de semana; que cuando la ves a una edad en la que, por equivocaciones propias o ajenas (hablo de equivocaciones y no de putadas a conciencia) el catálogo de decepciones es ya bastante más amplio y las prioridades han cambiado. Y entonces, es cuando se cae en la cuenta de que películas como "Fresas Salvajes" son obras maestras, se les encuentra un sentido, y su final dista mucho ser tan abierto como uno se imaginaba.

El protagonista es un hombre de 78 años que hace un viaje en coche para recoger un premio que lo erige como "doctor honoris causa". Pero este viaje se convierte en un paseo emocional a través de sus recuerdos, con los que además de encontrarse a sí mismo, se percata de los errores más importantes que ha cometido a lo largo de su vida. Frente a él se presentan momentos en los que no estaba presente, ni tan siquiera los conocía. Momentos bastante crueles y muy dramáticos por cierto, en los que descubre cual fue la causa por la que perdió a la mujer que realmente amaba, y también se entera de las infidelidades de la esposa que tendría después en un matrimonio sin amor.

Mientras veía la película, recordé un párrafo de uno de mis libros favoritos de todos los tiempos: "La insoportable levedad del ser" de Milan Kundera, y que guarda relación con esto último:


"El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive una sola vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores...El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación...Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto."


Es la idea de que el tiempo humano no gira en círculos, si no que sigue una línea recta. En la vida no existe un guión previo. No disponemos de un borrador al que embadurnar con tachones para redactar a continuación el texto definitivo. Qué fácil sería, que nos diesen la oportunidad de hacer uno o varios ensayos antes de que nos abran el telón para representar esta función tragicómica que es la vida ¿se abre el telón y aparece? aparece un niño desnudo que llora, que pronto es consciente de como acabará la función, pero que tendrá que improvisar absolutamente todas las partes que en ella ocurran. Con un ensayo previo, no habría apenas lugar para las equivocaciones, para los titubeos, y posiblemente, "la función" saldría perfecta. La toma de decisiones en esta función sin ensayo nos deja muy poco margen de error, y este margen de error se hace cada vez más pequeño con el paso de los años. Cuando se comete una equivocación, es muy posible que ya no exista una segunda oportunidad para hacer las cosas bien, para dar marcha atrás y arrancar en primera de nuevo, sabiendo y teniendo claro, cuales son los caminos por los que no hay que viajar, o los que se tienen que evitar a toda costa.

No sé si llegaré a viejo o no, -me gustaría pensar que sí-, y creo que será inevitable que los recuerdos de todo lo vivido me lleven a hacer un balance final de "cierre de ejercicio", que es en definitiva lo que le sucede al protagonista de la película. También espero que en ese balance final, las ganancias sean mayores que las pérdidas; aunque será inevitable el recuerdo de las equivovaciones, de aquellas cosas que pudieron ser y nunca fueron, de todo lo que he perdido por el camino, la imagen imborrable de las personas a las que quise...

La vida del protagonista de "Fresas Salvajes" está repleta de éxitos profesionales, pero fue desastrosa en las relaciones personales. Es acusado de ser "culpable de culpabilidad" y penalizado con la soledad. Al final de la película parece haber conseguido la paz, se ha encontrado a si mismo a través de los errores de su pasado y del recuerdo de las personas a las que quiso. Sin ser una película de amor, yo también creo que el amor es, en definitiva, el eje central sobre el que gira la película. Quizá por eso, al final de la misma, las últimas personas que invaden sus recuerdos son sus padres y la mujer de la que estuvo enamorado.

Si habéis visto la película, os encantará este texto. Me ha parecido sobresaliente a partir del tercer párrafo. Leedlo, que vale la pena. No se pueden resumir mejor todas las ideas que Bergman expone en "Fresas Salvajes".

Y a los que no habéis visto la película, aquí os dejo un enlace para verla:

http://www.megavideo.com/?d=9UKPMHTM


3 comentarios:

  1. Menuda calamidad soy, ayer por la noche subí el artículo deprisa y corriendo, y hoy, al leerlo de nuevo, he encontrado multitud de fallos ortográficos y de redacción. Corregidos!, aunque seguro que hay alguno más...


    Aquí al menos, sí se pueden corregir :)

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  2. Así que mucho decir pero de tanto estar en Santiago ya se hizo usted de esos que ven pelis de Bergman jejejejej

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  3. jajjaaja, pues sí, a dónde voy a ir a parar ¡dior mío!, con todo lo que yo fui, jajajaja.

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