viernes, 5 de marzo de 2010

La transformación de una ciudad (II)





Elimino por improcedente la actualización anterior relativa a la añoranza de mis años juveniles. Se trata de sentirse bien y estar a gusto con indepedencia de la edad que se tenga, y también de mantener alejados los siempre absurdos prejuicios sociales, que en la mayoría de los casos, no son más que un pesado yugo que nos impide hacer todo aquello que nos gustaría hacer. He llegado bastante bien a los 38, no tengo a día de hoy ningún problema que me quite el sueño, todavía me quedan objetivos por los que luchar, un montón de aficiones que me ayudan a disfrutar de la vida; además de eso, el 2010 está resultando un buen año, y por su fuera poco, comienza el fin de semana y en unas horas estaré por fin en Ourense. Es absurdo perder el tiempo en lamentaciones sobre tiempos pasados que jamás volverán, especialmente, si a nivel personal el presente no es tan malo y te muestra una buena cara, o al menos, una cara aceptable. En fin, nostálgico y llorón que es uno.



Regreso a la serie "la transformación de una ciudad" con una foto que he escaneado del libro "el Ourense perdurable" de Anselmo López Morais. Se corresponde con la actual Plaza de los Suaves, y como vemos, en el lugar que ahora ocupa un pequeño jardincillo, existía un muro de piedra. Parece ser que ese muro de piedra daban cobijo a una pequeña finca que era aprovechada por los niños de un colegio cercano para jugar durante el tiempo de su recreo. Sigo echando de menos en el libro las referencias a los años en las que fueron tomadas las fotos, pero será cuestión de contrastar esta pobre información con la distinta documentación que aparece en alguno de los libros sobre Ourense que mis padres tienen en su casa. Ampliaré detalles.



En este caso, sí que se puede decir que la plaza ha quedado bastante mejor sin ese muro ahí en medio, que afeaba además, la visión de nuestra hermosa Catedral.





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