miércoles, 28 de julio de 2010

¡Qué pena!





A pesar de mi ideología, no soy un "quemaiglesias". En tal caso, sería un "quemacuras", pero tampoco. El catolicismo todavía cuenta con muchos adeptos en nuestro país, pero como su credo no es ni una imposición ni una obligación, es algo que no me preocupa. Los opios del pueblo hoy son otros, incluso más peligrosos. ¿Quemar una Iglesia o alegrarme de que arda? no, nunca. Una Iglesia es un patrimonio artístico e histórico que hay que respetar, más allá de todas las connotaciones que pueda tener para los fanáticos de ambos extremos.

Hoy he desayunado con esta triste noticia:

http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2010/07/28/00031280300409392692454.htm

La Capilla de los Remedios forma parte de lo que yo llamo el "Ourense de siempre", el Ourense que yo recuerdo desde niño y del que por desgracia, cada vez queda menos rastro. Me causa tristeza que ese "Ourense de siempre" desaparezca. La Capilla de los Remedios es ourensana desde hace algo más de 400 años. Es Historia de Auria. Dentro de sus muros y en ese césped que la rodea, se han desarrollado muchas de las "intrahistorias" de la ciudad. Una de ellas, por ejemplo, es la de que durante un tiempo, a finales del siglo XIX, fue el lugar elegido por los ourensanos para batir en duelo su orgullo. Hay cientos de historias relacionadas con ese rincón de ourensanismo. Intentaré recopilar las más destacadas y haré una actualización en condiciones, que tengo a Ourense algo abandonado en mi blog y no puede ser.

Además del valor histórico-artístico, también está el valor sentimental, el que va relacionado con las propias vivencias. Recuerdo que de niño mis padres me llevaban a alguna de las misas de la Novena de los Remedios. Con el interior de la capilla abarrotado de gente y el sofocante calor ourensano de los primeros días de septiembre, aquellas misas se convertían para mí en un auténtico infierno. La compensación venía después, cuando al acabar la liturgia y ya en el exterior de la capilla, me metía una panzada de rosquillas al son de los compases de la banda de música. También fue testigo de alguna que otra correría de pre-adolescencia, cuando con los amigos del Parque de las Mercedes reponíamos fuerzas, tras descubrir más de un tesoro bajo los arcos del Puente Romano, con lo que nosotros llamábamos "merendolas" y que consistían básicamente en latas de conservas, una barra de pan y una botella de Mirinda de a litro, que comprábamos en un Vegé que quedaba pròximo a Salesianos. No me apetece hacer un ejercicio de nostalgia, así que prefiero no seguir contando batallitas de "abuelo cebolleta" porque son demasiadas, y porque la nostalgia últimamente me deja un sabor agridulce a tristeza.

La foto de portada con la que actualizo es de hace pocos meses, concretamente del domingo de Pascua. Siempre me llamó la atención esa Capilla ahí en plena ciudad, con el Pabellón de Deportes, el Puente Romano y algunas de las principales arterias de acceso al centro y al barrio de O Couto, delimitándola. Era uno de mis rincones favoritos de Auria, destino de muchos de mis paseos. Disfrutaba con el contraste de sentirme como a las puertas de una Iglesia de una aldea pequeña de la Galicia interior pero sin abandonar el corazón de Ourense. Lo podéis comprobar en la foto, si os digo que esa foto es de la Iglesia de una aldea remota de Nogueira de Ramuín, podría ser creíble. Pues no, es una Iglesia de OU, situada a menos de 50 metros del Pabellón Municipal de Deportes, a otros tantos del Puente Romano y a escasos cien metros de la glorieta de Concepción Arenal, uno de los principales nudos de Auria.

Afortunadamente, la fachada no se ha visto dañada por el incendio, aunque los destrozos en su interior son bastante cuantiosos:

http://www.lavozdegalicia.es/galicia/2010/07/28/00031280311813534889820.htm

Ahora esperemos que no la caguen con la restauración, o que no se la encarguen a los mismos psicópatas que estropearon el Parque de las Mercedes o la Plaza de Paz Nóvoa. Un respetito por Ourense. Esa Capilla es patrimonio de la ciudad. Tiene que seguir ahí por siempre, tal y como era antes, ajena al paso de los años.

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