No comparto el discurso catastrofista de la mayoría de los articulos de opinión de Santiago Niño Becerra, pero a mí, que los grandes empresarios, los políticos que nos malgobiernan y la Banca, me han hecho sentir como un privilegiado y un responsable de la actual crisis -hasta el extremo de avergonzarme cuando alguien me pregunta en qué trabajo, hasta sentirme agotado por tener que repetir una vez tras otra las mismas respuestas para defenderme ante tanto topicazo- las verdades que expone el catedrático en su columna de esta mañana, me saben a gloria. A mayores, añado que el modelo actual de Administración Pública -la gestión en general de los recursos público- necesita de una buena reforma para que alcance sus objetivos de una forma más eficiente, pero las reformas no deben basarse en recortes o en vejar a los empleados públicos hasta convertirles en chivos expiatorios de la actual crisis con el propósito de ocultar una gestión nefasta. Las reformas en la Administración no deben desarrollarse desde los planteamientos del neoliberalismo, ya que el fin último de las políticas neoliberales es eliminar todo lo que huela a "público" para conseguir, de este modo, que las ayudas sociales, la educación, la sanidad, las pensiones, etc, pasen a manos de los intereses del capital privado.
Lamentablemente, nuestro políticos están guiando su estrategia a través de hacernos sentir envidia, de la vulgaridad, y parte de esa envidia desemboca en los empleados públicos.
ResponderEliminarTodo esto es síntoma de ignorancia, de despreocupación en buscar información y de quedarnos con lo más bizarro que escuchamos para poder sacar a la luz lo víctimas que somos frente a aquellos por los que sentimos envidia.
Lo repetiré una y otra vez, señores, lean a diario el BOE, vayan en busca de oposiciones, y si tienen las narices de criticar, espero que también las tengan para ponerse a estudiar.
Hola, intuyo por tu comentario que eres funcionario/a. No sé como has llegado hasta este cutre blog, pero bienvenido/a.
ResponderEliminarPor partes, no entiendo porqué los que nos han metido en la crisis (y no tienen ni idea de como salir de ella) buscan cada cierto tiempo a un colectivo de trabajadores al que linchar ante la opinión pública. En las comunidades autónomas gobernadas por el PP (y con esto no defiendo al PSOE) le están dando mucha caña estos días a los profesores. Creo que en el caso de los funcionarios hay un claro interés privatizador de fondo. Los trabajadores con derechos son molestos, lo que no entiendo es porque también lo son para los demás trabajadores cuando el respeto hacia los derechos laborales debería ser el ejemplo a seguir/imitar/respetar. Los que nos critican ¿qué es lo que defienden? ¿la explotación laboral? ¿que los trabajadores no tengan derecho a vacaciones? ¿que hagan más de ocho horas al día por un sueldo de mierda? ¿que puedan ser despedidas si se quedan embarazadas o se rompen una pierna? ¿que no tengan un día por entierro de un familiar? es que no lo entiendo.
La mayoría de la gente tiene el estereotipo del funcionario en un vago, que se rasca los huevos todo el día, que entró por enchufe en la administración y que es un borde atendiendo al público. Vamos a ver, todos conocemos algún caso, pero creo que son los menos. Desde hace unos años, la mayoría de la gente que entra en la Administración es gente con carrera universitaria, bastante preparada y que tuvo que pasar unas pruebas muy duras para entrar.
Yo respeto a los trabajadores de cualquier ámbito, y no me alegro cuando los explotan o los envían al paro. A pesar de que he tenido experiencias muy negativas con algún trabajador de la privada o con autónomos: el taxista borde, el autónomo que te hace una chapuza y defrauda a Hacienda además de cobrarte un pastón, los plastas de las compañías de teléfono y de internet, el Pepe Gotera que me destrozó los muebles de la cocina para arreglarme el calentador, los pesados del Gas Natural...pero no se me ocurre criminalizar a todo un colectivo por ello. Yo me considero un trabajador que hace su trabajo lo mejor que puede, que tiene días malos como todo el mundo, días en que no me entra trabajo y me aburro como ostra y días que tengo que ir a currar por las tardes porque me es imposible acabar con un trabajo urgente por la mañana. Odio a los vagos y a los profesionales de la cara dura. No hay derechos sin deberes ni deberes sin derechos.
Si la tendencia es cargarse lo público, mucha gente que nos critica se dará cuenta de que pagar un servicio en una empresa privada le saldrá mucho más caro, por tanto, esos trabajadores les saldrán más caros aunque en su empresa los tratarán como unos pringaos sin casi derechos y con un sueldo de mierda.
Y que conste que soy bastante crítico con el funcionamiento de la Administración, hay mucho que mejorar en el sector público, pero eso ya no depende de nosotros, creo.
Bueno, no sé si me entiende, pero me he despachado a gusto. Coincido bastante con las opiniones de Santiago Becerra en su artículo. Un saludo.
Uno de los periódicos que más caña nos mete es La Voz de Galicia, el periódico más leido en esta comunidad autónoma. Pues bien, su principal responsable publicó un artículo el día 25 (Día de la Patria Gallega) en el que tras un texto muy bonito y muy engolado, venía a decir que eran necesarios más recortes en la Administración y que esos recortes pasaban por comenzar a despedir a gente. La Voz de Galicia es especialista en sacar titulares hablando de los funcionarios (y siempre para criticarnos), nos llegaron a controlar los fichajes de entrada y salida para publicar un artículo en el que repetían los topicazos de siempre. Pues bien, este periódico de corte neoliberal, es otra de esas empresas que vive de la subvención pública, como tantas otras. Misteriosamente gana muchos concursos, el último ha sido el de que ahora será la empresa encargada de la publicación del DOG (similar al BOE a nivel estatal). Si es que hay que ser muy burro para dejarse engañar y como bien dices, quedarse con la primera bizarrada que escuchas sin contrastar la información.
ResponderEliminarYo propondría empezar a recortar dinero público por ahí, dejando de subvencionar a ciertas empresas de línea política afín, o simplemente acabando con la administración paralela.