martes, 20 de septiembre de 2011

El hombre del saco


Recuerdo que hace muchos años, cuando era más niño que ahora, mis padres me atemorizaban con "el hombre del saco" cada vez que cometía una travesura. Luego, por la noche y ya en cama, la evocación de aquel siniestro personaje me causaba terribles pesadillas. Mi imaginación desbordante había creado una imagen del hombre del saco muy distante a la de aquel universo feliz en el que habitaban Papá Noel, los Reyes Magos o el Ratoncito Pérez. Sospechaba que en cualquier momento de la noche un señor con cara de malo provisto de un gran saco podía entrar en mi habitación para secuestrar mi infancia.

Treinta y cinco años después mis travesuras han caído en declive, son ahora mis padres los que viven atemorizados por el futuro de sus pensiones y mis particulares "hombres del saco" se han visto reemplazados por personas que figuran retratadas en los grandes titulares de la prensa digital. No hay día en que no me sobrecoja la lectura de las nuevas amenazas lanzadas desde las agencias de calificación de la deuda, desde el fmi, desde los mercados, etc _disculpen que los cite en minúsculas_ hacia los Gobiernos de los distintos países. Luego, por la noche y ya en cama, la evocación de esos monstruos neoliberales me causa terribles pesadillas. Mi imaginación, ya no tan desbortante, me hace creer en que cada una de esas amenazas es susceptible de traducirse en recortes, en menos servicios sociales y en amigos o familiares que se verán condenados al paro o a la emigración sin la posiblidad de defender su inocencia en un juicio justo por un delito que no han cometido y del que ni siquiera han sido cómplices. Curiosamente, y al igual que ocurría en mi niñez, estos nuevos hombres del saco que roban sueños y matan ilusiones siguen teniendo cara de malos.


Hace ya algún tiempo que perdí mi ilusión por eso que llaman democracia, más que nada porque no coincide con lo que yo entiendo por Democracia. Me siento profundamente decepcionado con la forma de actuar de los partidos políticos que supuestamente representan mis ideas. Soy uno de esos jóvenes ya no tan jóvenes que perdió el interés por votar pero que al mismo tiempo destrozó la garganta en las calles exigiendo una Democracia Real Ya! Oooooohhh! ¡Anatema! ¿cómo es eso posible? ¡menuda contradicción!

"Vivimos en la barbarie por la degradación de los valores sustituídos ahora por los intereses. La crisis es la consecuencia de poner el beneficio por encima de todos los valores....es necesario que el poder pase a otras manos" (José Luis Sampedro)


Me hacen mucha gracia _y lo digo con todo el respeto aunque me hacen mucha gracia_ todas esas personas que están convencidas de que la democracia consiste en votar cada cuatro años en las elecciones de turno y que con su voto pueden cambiar las cosas. Introduces un voto en la urna y ¿ya está? ¿eso es todo? ¿es así de sencillo ser un demócrata? Mola, porque después de ejercer como demócrata convencido ya puedes olvidarte de la democracia hasta que se acerque la fecha de unas nuevas elecciones. No te preocupes, es posible que durante cuatro años a esas personas a las que has votado también se les olvide que te representan.

Me gustaría mucho recuperar mi fé en las elecciones y, por tanto, ejercer mi derecho al voto. Como dije antes, soy un defensor de la democracia, pero es que ahora mismo mi ética me impide ejercer ese derecho porque no sé a quién estaría votando realmente ni tampoco lo qué. Las democracias están secuestradas y esa es la triste realidad, no hace falta ser muy listo para verlo. No vivimos en una democracia, vivimos en la dictadura de los mercados. Los programas de los partidos políticos se han convertido en meros panfletos carentes de valor que solo contentan a los fanáticos que todavía viven agilipollados con las derechas y con las izquierdas (ya he comentado alguna vez que para mí el mundo ahora mismo se divide en neoliberales y el resto, en indignos e indignados, si a los unos les queréis llamar derechas y a los otros izquierdas, pues ok). Esos programas no tienen ningún valor desde el momento en el que el partido político de turno se los tiene que saltar a la torera para contentar a sus secuestradores.

Seamos sensatos ¿algún simpatizante del PSOE votaría al PSOE si en su programa incluyese congelación de pensiones, decretazos varios, reformas laborales que fomentan la precariedad laboral, recortes de servicios públicos, privatizaciones, recortes a funcionarios, inyecciones de dinero público a la Banca y a la Gran Empresa y un largo etcétera? ¿estaba todo eso en el programa del PSOE cuando confiado les diste tu voto? Y, de todas maneras, es posible que alguien votase igualmente al PSOE, me remito a los agilipollados de los que hablé en el anterior párrafo. Todas esas medidas al margen del programa forman parte del rescate, es el precio que hay que pagar a los que han secuestrado nuestras democracias. Da igual a quien se vote, da igual quien gobierne, siempre será más de lo mismo mientras sigamos secuestrados, mientras nuestras políticas las decidan las agencias de calificación de la deuda y demás indignos secuestradores. El que no sea capaz de ver esto tiene un problema.

Quiero, al igual que muchos de los que han salido a las calles estos últimos meses, una Democracia participativa de verdad, en la que los representantes que salgan elegidos representen a su pueblo, en la que el espíritu democrático esté presente no solo cada cuatro años y en la que la opinión de los ciudadanos se tenga en cuenta para la toma de las decisiones más importantes, y más cuando estas afecten de forma directa a sus vidas. No quiero ser mercancia en manos de políticos secuestrados por los mercados. Mal vamos si la idea que tienen algunos de la democracia consiste en votar solamente cada cuatro años. Democracia es mucho más que eso. La Democracia no es la partitocracia en la que vivimos en la actualidad y en la que nos han hecho creer en el inmenso valor de un voto al que han despojado de todo valor.


Perdonen que hoy traiga a mi blog al "hombre del saco", ese rufián con cara de malvado y bolsa cargada de euros que ha secuestrado a nuestra democracia y que día tras día nos pide sacrificios y rescates para recuperarla. Quizás algún día la recuperaremos si el pueblo da un puñetazo en la mesa y lucha por algo que nos pertenece y que nos han robado.


Un buen antídodo en estos tiempos de zozobra es atender a las palabras de los sabios, de los visionarios. Es posible que en los discursos de estas mentes preclaras estén las claves para salir del bucle. Es posible que consigan despertar las conciencias dormidas por la acción de tanto discurso hueco de los tertulianos neoliberales.

Saramago, más vigente que nunca. Los subtítulos aparecen en letra pequeña en la parte inferior del video:






Y ya que hablaba del Ratoncito Pérez...

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