Pues sí lectoras y lectores (va por tí Bibiana...¡guapa!), prosigo con mis actualizaciones sobre la huelga peeeeeero, prometo que mañana cambiaré de tema, aunque espero que tengan a bien concederme la licencia de actualizar el jueves con mi valoración sobre lo que ha sido la jornada de protesta convocada por varias centrales sindicales para el día 29-ese. No creo que tenga que currarme mucho esa actualización, más o menos ya la he pensado. Si la pandemia de ceguera colectiva no remite en las próximas horas, recuperaré una de mis primeras actualizaciones en este vuestro blog.
Pero a lo que íbamos...
... (un momento, voy al baño)
...
...
... (ya estoy aquí)
...recuerdo que de niño, mis padres solían comentar que en cualquier oficina o trabajo, los sindicalistas siempre eran los más mangantes de todos los trabajadores y que las huelgas sólo las hacían los vagos. De estos comentarios de sobremesa ya hará unos 30 años, se ve que la mala fama de nuestros compañeros los sindicalistas ya viene de lejos. Este estereotipo, este miedo infantil, quedó grabado en mi subconsciente. En mi imaginación la figura de un sindicalista se me presentaba como un ser intocable que dedicaba sus horas laborales a darse la gran vida y a rascarse los huevos mientras sus compañeros se ganaban dos panes con el sudor de su frente (el del propio trabajador y el del compañero vago entregado "a sus labores", las labores sindicales).
Hete aquí que un buen día empecé a trabajar. En mi primer destino no tuve compañeros sindicalistas, era una oficina pequeña en la que trabajábamos tres personas y a mayores había un jefe (huelga, valga la redundancia, hacer este apreciación) y de vez en cuando nos visitaba algún liberado sindical en los días previos a una huelga para darnos una charla a modo de piquete informativo. Efectivamente, el miedo que infundía en mis compañeros la presencia de un sindicalista era similar al que puede infundir en una persona con rastas la presencia de un soplete.
Mi segundo destino fue la Universidad de Vigo y, casualmente, mi jefa era una revolucionaria de la CIG. Se trataba de una persona muy trabajadora, pero vestía como visten los jipis en la fiesta de la Historia de Ribadavía y de sus sobacos, de los sobresalían unos pelos rizados parecidos a los de los...(bueno, es igual), se escapaba un olor nauseabundo que no era ni parecido al del sudor. En las pocas semanas que trabajé en aquella oficina, los de la CIG se encontraban en guerra con no sé que director-gerente de un Departamento de la Universidad que por lo visto era un opusino y un facha. Fue divertido. Mi jefa y otras diez personas se dedicaban todas las mañanas durante media hora, a recorrer los pasillos del edificio administrativo provistos de silbatos y cacerolas. Aquello parecía una fiesta a escala de simpatizantes del festival de Ortigueira.
Aprobe la oposición. De interino pasé a eso que llaman funcionario de carrera (sí, tengo título universitario, pero nunca entenderé porque le llaman "de carrera" cuando para la categoría profesional que desempeño en la Administración sólo me piden la E.G.B., supongo que no tendrá nada que ver con el subempleo). La vida administrativa en Santiago ya es otra historia, difiere bastante de la de "provincias". La Administración en Santiago es la jungla y te puedes encontrar de todo: desde gente muy trabajadora, a vagos redomados, pasando por profesionales de la cara dura, trepas, envidiosos, gente muy muy aburguesada, etc. Y claro, también destaca el colectivo de sindicalistas. Con los sindicalistas me ha pasado de todo, menos sexo. Malos rollos, discusiones y también interesantes tertulias "políticas" con aquellos que parecían personas, que los hay.
Llegó la primera huelga, una pequeña huelga sectorial que yo no secundé por aquellos tontos prejuicios que me habían inculcado mis padres cuando era niño (¡qué viene el lobo!).
En aquella huelga me fijé que algunos de mis compañeros más trabajdores se sumaban a ella (cosa rara porque los funcionarios son el colectivo más aburguesado que existe y es difícil que secunden una huelga). Y entonces empecé a calibrar...calibrar hasta que punto una persona que hace una huelga la hace realmente por vagancia. Empecé a pensar que una persona que hace huelga, además de perder una parte de su sueldo, se arriesga a ser mal vista en su empresa. En la Administración, por ejemplo, es difícil que a un huelguista le ofrezcan una jefatura o una comisión de servicios. Esas personas hacían realmente huelga porque estaban convencidas de que defendían algo justo. Estaban dipuestas a "perder" para ganar. Nadie hace una huelga por placer. Una huelga implica un sacrificio, tanto para el que la hace como para el usuario que la sufre, y ese sacrificio merece al menos un respeto. De la "lucha" de esas personas nos podemos beneficiar todos los que trabajamos con ellas, los esquiroles también.
Resulta que en uno de mis destinos en Santiago y como muchos ya sabréis, tuve un jefe psicópata que sin saber a cuento de qué, me cogió manía y me hacía la vida imposible (no sabéis hasta que punto me sentía presionado. Me ridiculizaba como a un niño de párvulos). Yo no sabía que hacer ni a quien recurrir, estaba indefenso y sin posibilidad de cambiar de oficina. Me recomendaron que hablase con un chico de la CIG. Yo nunca estuve afliado a un sindicato. Lo cierto es que hablé con los de la CIG y se ofrecieron a solucionarme el problema, al menos me dí el gusto de ver como la cara de mi jefe palidecía al mismo tiempo que se hacía caquita en su despacho mientras tres sindicalistas lo ponían en su sitio. Esa fue toda mi experiencia con los sindicatos. Caí en la cuenta de que los sindicatos, que aunque no funcionan todo lo bien que deberían funcionar, son muy necesarios. Que los sindicalistas son personas de carne y hueso como tú y como yo, y que habrá quien sienta la vocación de defender a sus compañeros y se entregue a esa tarea y habrá quien se meta en un sindicato sólo para acogerse al derecho de pernada. De todo hay en las viñas del Señor. No me han gustado los ataques que han sufrido los sindicatos durante estos días. Un ensañamiento popular en toda regla. De repente los chivos expiatorios de la crisis y de los fracasos personales de cada uno pasaron a ser los sindicalistas (en tiempos de bonanza este rol recaía en los árbitros de fútbol).
Un sindicato no es una gestoría de servicios ni una oficina de colocación y empleo como mucha gente piensa, sus principales cometidos son otros. Los sindicalistas no son seres inaccesibles, para ser un sindicalista sólo hay que afliarse a un sindicato y estar al corriente del pago de las cuotas, nada más que eso, es fácil. ¿Con qué derecho una persona que nunca en su puta vida ha estado afiliada a un sindicato puede atreverse a exigirles algo o a criticarlos?. En todo lo que he visto y leído estos días hay algo que se me escapa. Es como si de repente los trabajadores tuviesen mentalidad de empresarios, comulgasen con las hostias que les da su Gobierno y exculpasen a Botines, Zapateros, Ferranes y demás calaña, para cargar todas las culpas de la crisis sobre los sindicalistas. Como si fuesen los sindicalistas lo que tuviesen que venir al rescate para arreglar nuestras vidas.
Las huelgas las convocan los sindicatos pero las hacen los trabajadores, que no se os olvide nunca. Que hay que ser muy necio y muy mala persona para no secundar una huelga sólo por joder a los sindicatos pero sin caer en la cuenta de que son las personas citadas en el párrafo anterior las que realmente nos están jodiendo. Que sería deseable que los sindicatos funcionasen mejor, pero que son muy necesarios y creo que eso no admite discusión posible. Enumero ya mis razones para hacer huelga mañana:
- No estoy de acuerdo en que el Gobierno de España me obligue a jubilarme a los 67 años. Déjenme disfrutar un poco de mis últimos años de vida, señores, que sólo los voy a vivir una vez.
- No estoy de acuerdo en que reduzcan mi nómina como consecuencia de una reforma populista que no servirá para mucho más que para enfrentar a los trabajadores. Recortando sueldos se retrotrae el consumo y se desmotiva al personal. El déficit en la Administración se combate poniendo freno al despilfarro, amortizando puestos de trabajo superfluos, suprimiento órganos duplicados, eliminando organismos que no sirven para nada (Diputaciones, por ejemplo), uniendo Ayuntamientos, suprimiendo la Administración paralela, cesando al personal eventual y asesores varios, reduciendo el parque móvil y así podía seguir durante varias líneas.
- No estoy de acuerdo en que se de más poder a las ETT's en sectores como la construcción o la Administración.
- No estoy de acuerdo en que se pretenda reformar las pensiones. Hay cosas que son sagradas, y el esfuerzo de la gente que ha trabajado (y cotizado) toda su vida su vida es una de ellas.
- No estoy de acuerdo en que a mis amigos y familiares sea más fácil despedirlos por obra y gracia del nuevo decreto de la reforma laboral.
- No estoy de acuerdo en que parte de la indemnización (muy rebajada en número de días) por despido la pague el FOGASA (ya véis, el dinero público ayudará ahora a despedir a los trabajadores).
- No estoy de acuerdo en que la simple previsión de pérdidas en una empresa justifique un despido.
- No estoy de acuerdo en que se haga un poco la vista gorda con el fraude fiscal y sin embargo orienten las reformas a la exigencia de esfuerzos a los que cumplen la ley y llegan justos a fin de mes. La gente honrada, no se porqué, siempre es la que más sufre.
- Haré huelga por todos mis amigos que están en el paro.
- Haré huelga por toda esa generación a la que ya han bautizado como "la generación perdida". Gente sobradamente preparada que acaba sus carreras, sus estudios universitarios, sus doctorados, y le dan la patada en el culo. Si es que me hierve la sangre cada vez que leo lo de "la generación perdida".
- Haré huelga para pedir que el Gobierno cambie las directrices de su política económica. Dicen los expertos que sólo traerá más paro y que sólo favorece a los empresarios. Aquí os dejo un informe de varios Inspectores de Trabajo. No están afiliados a ningún sindicato y además son ajenos a los intereses de cualquier partido político:
http://www.europapress.es/economia/laboral-00346/noticia-economia-inspectores-trabajo-dicen-reforma-laboral-no-creara-empleo-deteriorara-condiciones-trabajo-20100920135136.htmlAcojona ¿eh? Y esto no es demagogia "made in Rafa", es la opinión de los que saben.
- Porque lo de mañana es mucho más serio que dedicarse a juzgar a los sindicatos o a discutir si la huelga beneficiará al PP o al PSOE. Hay quien se cree que la huelga de mañana está pactada y es una pantomina. Yaaaa, el poder de los medios de comunicación es terrible...Quizás los hemos subestimado y ahora pagamos las consecuencias. Nos manipulan a su antojo. Que se lo digan a los italianos y al Presidente que tienen.
- Porque es de "tontos" aplicar las fórmulas para salir de la crisis que han aplicado países como EEUU o Alemania. ¿nunca habéis oido aquello de que "España is diferent"?. Pues eso mismo, nunca hemos sido EEUU ni Alemania, nunca lo seremos. Siempre hemos estado a años luz pero por debajo. Esas recetas servirán para esos países, pero para aquí no sirven. Aquí la crisis tuvo una mayor incidencia por la falta de previsión, por la cultura del pelotazo y del ladrillo y también, y porqué no decirlo aunque tire piedras contra mi tejado, porque tenemos una enorme dependencia de todo lo público y la Administración es más un lastre que algo dinámico que ayude a incentivar, producir o a dinamizar la economía. Hablo de burocracias kafkianas estúpidas (si habéis leído "El Proceso" me entenderéis). Me lo comentaba ayer un autónomo, para poner en funcionamiento una empresa en los USA sólo necesitas 24 horas, en España es tarea de meses.
- Porque quiero que mi país invierta en I+D+i para ser más competitivo y se deje de invertir en Xacobeos y mierdas por el estilo. Es indignante que aparezca hoy en portada de los periódicos la Conselleira de Facenda diciendo que el año que viene se recortará la partida destinada a servicios básicos mientras al Conselleiro de Presidencia se le ocurre la peregrina (nunca mejor dicho) idea de prorrogar el Xacobeo. ¿Alguien lo entiende? YO NO.
Como véis, tengo motivos de sobra para hacer huelga mañana y el que no los tenga, que se lea la reforma laboral y a ver que le parece. La haré también por toda esa gente que está en el paro y no puede hacerla.
Y ahora entraré en el facebook o en el foro de algún periódico y leeré las discusiones de la gente sobre si los sindicatos son ésto o lo otro, que si esta huelga es contra el PP o contra el PSOE, que si Belén Esteban no apoya la huelga, que si los servicios mínimos de la Espe, que si los piquetes son muy malos pero seguro que nadie dirá nada de los empresarios que amenazan con represalias a los trabajadores que secunden la huelga...¡BUFFFF! y me entrarán ganas de reir (que siempre es mejor reir que de llorar). ¡Menos mal que dentro de unos días juega la Selección Española de fútbol y podéis tocar de nuevo la vuvuzela, queridos pasmones! ¡Qué os está robando y no os dáis cuenta!. Somos pocos los que haremos huelga mañana, estoy convencido de que no llegaremos a un 20%. Me entrarán ganas de preparar las maletas y marcharme lejos, muy lejos de este país. Finalmente no las haré, buscaré una manifestación de uno de esos malditos sindicatos que por lo visto nos están jodiendo la vida a todos y gritaré, gritaré por mis derechos y con todas mis fuerzas hasta quedarme afónico.
Una huelga es un derecho constitucional, es la única forma legal que tenemos los trabajadores para mostrar una protesta a un Gobierno, al menos lo era hasta ésta huelga, ahora ya no estoy seguro.
¡SÍ A LA HUELGA!
Aaaaay madre del amor hermoso, menuda chapa os he soltado. Venga, para que quede más bonito adorno el texto con algunas de esas consignas del tipo ese de barbas del que venden camisetas en "El Corte Inglés" (El corte inglés y el recorte español): "hasta la victoria siempre compañeros" "mejor morir de pie que vivir de rodillas" y bla, bla, bla... Hasta mañana. Nos vemos en las barricadas!